Días atrás, cuando Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, España y otras cinco naciones expulsaron a los embajadores de Siria tras la matanza de Houla para enviar una fuerte señal de condena a la dictadura de Bashar al-Assad, ningún país latinoamericano hizo lo mismo. Según las Naciones Unidas, la matanza fue llevada a cabo en gran medida por milicias pro-gubernamentales que irrumpieron en viviendas y ejecutaron a mansalva a familias enteras. Las fuerzas paramilitares han sido las principales responsables de los 12.000 muertos de Siria desde el principio de la sublevación contra Assad trece meses atrás.
En América latina, sólo un país, Panamá, anunció que ha "suspendido temporalmente” las relaciones diplomáticas con Siria, aunque la medida es simbólica, porque Siria no tiene embajada en Panamá. Otras reacciones oficiales: Cuba y Venezuela apoyan abiertamente a la dictadura de Assad. Cuando el Consejo de Derechos Humanos de la ONU aprobó por abrumadora mayoría una resolución condenando el "escandaloso uso de la fuerza contra la población civil” por parte de "elementos pro-gubernamentales” de Siria y pidió una investigación independiente del caso, Cuba fue uno de los pocos miembros del Consejo que votó en contra y Ecuador se abstuvo.
Colombia y Guatemala, que integran el Consejo de Seguridad de la ONU, condenaron la masacre de Houla y apoyaron una resolución que condena los acontecimientos, pero sin culpar directamente al régimen de Assad. México, Chile y otros países han emitido declaraciones condenado la matanza de Houla y apoyando la resolución de la ONU, pero sin ninguna medida diplomática. Brasil respaldó al Consejo de Seguridad, pero señaló que expulsar a los diplomáticos cerraría toda posibilidad de diálogo con el régimen sirio y Argentina ha permanecido en silencio ante la masacre.
José Miguel Vivanco, de Human Rights Watch dice que Brasil y otros países latinoamericanos que han sufrido dictaduras, como Argentina, deberían encabezar los reclamos con medidas concretas, como llevar a los responsables ante el Tribunal Penal Internacional. Sanjeev Bery, de Amnesty International, dice que "los países latinoamericanos han aumentando su influencia geopolítica, y con ello la responsabilidad de defender los derechos humanos. Ha llegado el momento de que actúen”.
¿Qué argumentan los diplomáticos latinoamericanos? Dicen que una escalada de las sanciones contra Siria conduciría a una intervención militar extranjera, como ocurrió en Libia. También dicen que Europa y EEUU son hipócritas, porque no expulsan a los embajadores de China, Arabia Saudita y otros violadores de los derechos humanos con los que mantienen estrechas relaciones comerciales.
