Los motivos nunca faltan en zonas rurales, para que el sonido ensordecedor de las motosierras no dejen de torturar a los vecinos y a todas aquellas personas que se pronuncian a favor de las centenarias arboledas con que cuentan las numerosas calles alejadas del Gran San Juan. En las últimas semanas, el turno le correspondió a la calle San Miguel, en el tramo comprendido entre las calles 6 y 8, una arteria que se caracteriza por contar con una hermosa arboleda, que en la época de verano ofrece a lugareños y a quienes la recorren la protección propia contra el implacable sol sanjuanino. De este lugar, del costado Oeste de la calle, de un día para otro, desaparecieron 12 ejemplares de eucaliptos, de los que sólo quedan sus troncos al ras de la tierra, como testigo de su tamaño y de lo que alguna vez fueron.

Cuatro de los árboles talados estaban en el tramo de calle San Miguel, entre callles 6 y 7, y los cuatro restantes, en el comprendido entre 7 y 8. Pero, la recorrida realizada por la zona para comprobar la denuncia realizada por una lectora de este diario permitió también observar que cuatro ejemplares más fueron erradicados del costado Este de la misma calle, frente al loteo privado del Barrio San Miguel, a pocos metros de calle 6.

Aunque intentamos conocer los motivos de esta otra erradicación, no conseguimos respuestas concretas ya que la gente de las inmediaciones y quienes trabajan en la construcción de viviendas del citado loteo, no se explican cuál es el objetivo de eliminar los árboles del lugar.

Es tal la sensación de impotencia e indignación que provoca ver estos árboles cortados, que los propios responsables de la acción, una cuadrilla de obreros particulares, atinó a camuflar uno de los troncos, como para que no sea tan evidente el daño perpetrado. Son los mismos hombres que al ser indagados por productores vecinos de la zona dijeron que contaban con los permisos correspondientes emitidos por la Secretaría de Medio Ambiente del Gobierno de la provincia, porque los árboles se encontraban en mal estado sanitario, aunque nunca los exhibieron para total conformidad de quienes les cuestionaban la tarea.

Lo curioso del caso, es que mientras se realizaba la tala ningún inspector de Medio Ambiente o de la Municipalidad de Pocito se hizo presente en el lugar para constatar la forma en que la cuadrilla realizaba su trabajo, ni para verificar el destino que se le daría a los troncos y ramas, productos de la erradicación.

En cada caso se consideró la posibilidad de que se esté por dar lugar a un nuevo emprendimiento productivo o inmobiliario, pero en ambas ocasiones no se pudo precisar ese motivo.

El temor existente es que las talas continúen sucediéndose en un futuro próximo, hasta dejar esta arteria, como ha ocurrido con otras tantas, sin un solo árbol.

Nada justifica que de este tipo de caminos secundarios se erradique la arboleda existente, ya que cualquier obra de pavimentación o ensanche debe estar supeditada a la existencia previa de estos árboles centenarios que datan de la misma época en que se creó el departamento y se comenzaron a delimitar las primeras parcelas con sus calles, dentro del ordenamiento territorial.

En Pocito, como en otros tantos departamentos, cada vez es mayor el número de calles de la zona rural que son objeto de este tipo de atropellos contra la forestación, lo que Medio Ambiente deberá tener muy en cuenta a la hora de autorizar o permitir que se toque un solo árbol más.