Un último informe sobre la depredación de los ecosistemas, gravitantes en el cambio climático, revela que Indonesia superó a Brasil como el mayor depredador del planeta. Registra casi el doble de destrucción de bosques nativos en los que viven numerosas especies de la fauna camino a la extinción. La publicación de "Nature Climate Change” se basa en datos de 2012, último registro disponible, lo que supone cifras menores por el avance incesante sobre los recursos naturales y la indiferencia en controlar estas reservas que son patrimonio de la humanidad.
El archipiélago indonesio perdió una masa forestal de 840.000 hectáreas, casi el doble que Brasil con 460.000 hectáreas por igual motivo, hasta hace dos años y medio. Lo más preocupante es que la grave deforestación en el país asiático afecta de forma acuciante a los bosques primarios, masas forestales vírgenes que albergan animales que desaparecieron de otros hábitats tales como tigres, rinocerontes asiáticos u orangutanes.
Según los científicos, desde fines del siglo Indonesia ha perdido al menos 15,79 millones de hectáreas de masa forestal, mientras que, en estos años, en el Amazonas brasileño esa pérdida forestal decayó con una media anual de 113.800 hectáreas.
Debe recordarse que el citado archipiélago alberga los mayores bosques tropicales del mundo detrás del Amazonas y el Congo, y en ellos se incluyen 10% de todas las plantas del planeta, 12% de mamíferos, 17% de pájaros y 16% de anfibios-reptiles. Al mismo tiempo el país es el mayor productor de aceite de palma del mundo y uno de los mayores productores de papel y madera, industrias que con la deforestación contribuyen a que Indonesia sea el tercer mayor emisor de dióxido de carbono.
Todo esto ocurre mientras se prepara la Conferencia del Clima de Lima, Perú, anunciada para fin de este año con el propósito de reformular la política internacional sobre el cambio climático. En este encuentro surgirá un borrador que sirva de base al acuerdo que deberá cerrarse en 2015 en la Conferencia de París, un documento sucesor del frustrado Acuerdo de Kyoto sobre medio ambiente, suscripto el siglo pasado. Ahora se busca un equilibrio entre países en desarrollo e industrializados y entre los sectores estatales y privados, con aportes financieros y tecnológicos.
