En notas anteriores decíamos en esta columna que la educación sexual es una educación para la vida matrimonial y familiar. Lamentablemente, el machismo y el feminismo radical, paradigmas inadecuados de la relación varón-mujer muy presentes en películas, canciones, modas, etc., han confundido y deformado la verdadera visión de los sexos.
Por eso, es muy necesario analizar la diversidad complementaria de los sexos: varón y mujer tienen la misma naturaleza humana, pero la tienen de "modos" distintos. Cada sexo tiene sus propias características, que permiten la complementación entre varón y mujer, partiendo de una misma dignidad común.
Conociendo las diferencias, la consigna es comprenderse mejor y ayudarse cada uno según sus talentos. ¿Cuál es el origen de sus diferencias? Más allá de las caracterizaciones culturales que dan un estilo peculiar distinto a varones y mujeres, la identidad sexual de cada sexo responde a la naturaleza biológica heredada en el momento de la concepción.
Entre el varón y la mujer hay diferencias psicológicas que son efecto de la estructura sexual de la persona, determinada por la constitución genética XX para la mujer y XY para el varón, y no son estas diferencias un simple producto de la cultura o de la educación. El hecho de que el varón y la mujer experimenten el mundo de forma diferente, desempeñen tareas de manera distinta, sientan, planeen y reaccionen de manera desigual, tiene un fundamento sólido en la constitución biológica propia de cada uno de ellos. El actual conocimiento de las estructuras cerebrales del varón y la mujer hecha luz en este tema.
No podemos transcribir aquí todos estos conocimientos actuales, pero diremos, por ejemplo, que el lóbulo temporal presenta gran diferencia: en el reside el centro del habla, y en la mujer está más desarrollado, lo que le permite una mayor capacidad de hablar y de escuchar. Se ha comprobado que la mujer habla un promedio de 10.000 palabras por día, mientras que el varón solo unas 4000.
La mujer presenta "necesidad" de hablar y de expresarse y comunicarse, por eso es más conversadora. El varón, en cambio, no presenta esa necesidad de hablar, por lo que es menos conversador y más reservado.
¿Cómo son varón y mujer en el aspecto sexual? Ambos cerebros han sido feminizados (estrógenos mediante) o masculinizados (por testosterona) en el desarrollo embrionario y fetal. Por eso los cerebros del varón y la mujer presentan diferencias biológicas cada vez más estudiadas. Esto marca comportamientos diferentes en materia sexual. El varón es "apasionado", es decir, siente muy fuerte el deseo o impulso sexual. Posee una sexualidad fuertemente centralizada: prima lo genital. En consecuencia, el varón se excita con más facilidad que la mujer, un reflejo del instinto imperioso y rápido. Reacciona más a estímulos visuales y posee una fantasía viva en este terreno.
Por eso la pornografía está dirigida a él, con la cual se excita y se encienden sus deseos sexuales. El varón puede más fácilmente que la mujer, buscar el sexo por el sexo y hacer del placer sexual el motivo único de su ansia. La pasión sexual es la inclinación más fuerte en el varón por eso puede caer fácilmente en la lujuria (desorden del deseo sexual) y en parafilias o desviaciones sexuales. Por ello, es frecuente que la mujer sea reducida por el varón en un "objeto" sexual. Esto significa que en el varón, el instinto sexual tiende a descontrolarse y a no obedecer a la razón y a la voluntad.
Por la lujuria el varón "pierde la cabeza", se enceguece, no piensa, no escucha, se hace imprudente, porque la pasión se hace ingobernable por la lujuria. De allí la necesidad de que el varón cultive la virtud de la castidad para el dominio de sí.
La mujer, en cambio, presenta una sexualidad más difusa, generalizada y lenta: corporal, la excitación es lenta, gradual, y exige una larga preparación afectiva. Presenta una vivencia de la sexualidad más espiritualizada, más romántica. Para ella, la pasión sexual no es dominante, por ello difícilmente cae en la lujuria. La relación sexual no tiene mucho valor si no está estrechamente ligada a la afectividad. La necesidad erótica es percibida de una manera mucho menos imperiosa y definida y exige la intervención del amor. En la mujer se da todo un mundo psíquico: el amor afectivo en el que la ternura se asocia al impulso erótico, hace del amor femenino más exclusivo que el masculino, de entrega incondicional.
La consecuencia de lo que llevamos dicho es que mientras en la mujer la pureza es algo espontáneo (es don) que fluye de su psiquismo, en el varón es fruto de una dura lucha (es conquista).
