La libertad está presente en todas las decisiones que tomamos, es la facultad más preciosa del hombre y la más grande responsabilidad que tenemos. En todos los idiomas, la libertad es una de las palabras más hermosas y más queridas por todos nosotros. Pero también es una palabra demasiado gastada por ciertos hombres que abusan de ella y que la limitan. Por eso debemos valorarla y ejercerla con el compromiso de defenderla siempre.

La posibilidad que todos tenemos de elegir según nuestras preferencias, ¿Nos hace totalmente libres?

No somos totalmente libres. Tenemos un primer límite en el tiempo, nuestra vida es el lapso que transcurre entre el nacer y el morir, vivimos en una familia y en una sociedad que tienen reglas y aunque podamos revelarnos, las reconocemos como propias porque condicionan nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. El ser humano es afirmación y negación al mismo tiempo, quiere ser uno y muchos, quiere al otro, pero también se quiere a sí mismo, "…nada de lo humano me es ajeno", dijo San Agustín.

Tengamos en cuenta que vivimos en un mundo en el que todo está siempre amenazado por algo. Si bien ésto sucedió en todas las épocas, en la actualidad ocurre de forma más tangible que nunca. Tengamos también en cuenta la ética, el arte de vivir humanamente "bien", y que para ser humanos necesitamos libertad. Esto es porque con nuestras acciones damos forma al mundo que queremos.

La conciencia moral es la que nos permite ser autónomos, y esta conciencia se alcanza cuando nuestra razón, al madurar, nos permite reflexionar y distinguir lo bueno de lo malo en cada situación. Pero tenemos los límites naturales que el hombre, un ser pensante, siempre intenta superar. Estos son modificables con el auxilio de la ciencia y de la técnica. El hombre siempre debe luchar contra ellos, por ejemplo el deseo de vivir más años o vencer las leyes físicas, y de esa forma gozar de más libertad.

También tenemos los límites morales que son los que hacen posible la convivencia.

Lo más importante es que la libertad que ejercemos no debe atentar contra la libertad que ejercen los otros. Porque la libertad es un bien del que gozamos todas las personas, tanto en la intimidad como en nuestras relaciones sociales. El largo aprendizaje que hacemos en nuestras vidas, desde que somos niños, sobre la libertad y sus límites, nos prepara para gozar de ella, porque está en nuestros pensamientos y en nuestros actos.

Queremos individuos fuertes y libres, pero también queremos una sociedad, una ciudad y un país que sea de todos y la única manera de lograrlo es que cada ciudadano ceda una porción de su libertad.