En el "Angelus” del domingo pasado, el papa Francisco hizo un fuerte llamado de atención a los católicos, y de modo especial, a los integrantes de algunos movimientos que todos conocen, que están centrados en el poder y el dinero. Durante muchos años, esos grupos han tratado de influir en las decisiones eclesiales y en la elaboración de documentos. Son aquellos que hablan de "carismas” para tratar de fundamentar sus posiciones alejadas del evangelio, y que en el fondo son posiciones ideológicas reprobables.
Afirmaba el Papa: "El reino de Dios no tiene fronteras. No puede reducirse a los confines de una "iglesita", de "nuestra pequeña iglesita". ¡Esto no sirve!”. Instó a los fieles a "abrirse a las periferias” y reconocer que, también quien está en los márgenes de la sociedad, es objeto de la generosidad de Dios. Una advertencia que pareció más bien un clamor, en medio del análisis y las presentaciones que se están dando en el Sínodo sobre la Familia, que ha entrado en la última semana.
El lunes pasado, el cardenal relator, el húngaro Peter Erdö, presentó la "Relatio post disceptationem”, que es un resumen de los debates de la semana pasada. A partir de ese texto, ahora los "círculos menores” divididos por grupos lingüísticos, trabajarán para enmendar el texto en vista de un documento final ("relatio Synodi”), que será sometido a votación entre los padres sinodales el próximo sábado 18 de octubre.
Es innegable, por ejemplo, la atención y el espacio dedicado a los problemas de las familias "heridas” e "irregulares”. Aunque no todo en el Sínodo gire alrededor de este tema, su importancia es evidente, por lo que no es ninguna invención de los medios de comunicación. También se va desarticulando la tesis de quienes afirmaban que había tenido muy poco eco en el aula la propuesta del cardenal Walter Kasper sobre la posibilidad de volver a admitir a la eucaristía, bajo determinadas condiciones y en determinados casos, a los divorciados que se han vuelto a casar.
Sorprende que, con realismo, los padres sinodales hayan tenido en consideración no solo "el individualismo exasperado” de la cultura contemporánea, sino también de las dificultades socio-económicas que a menudo obstaculizan los matrimonios o facilitan los divorcios. Un espacio significativo en la relación de Erdö, se dedica a la ley de la "gradualidad” que es propia de la "pedagogía divina”. ¿Cómo acompañar a quienes viven el fracaso en el proprio matrimonio? Se cita la posibilidad, en analogía con lo que el Concilio hizo con las demás confesiones cristianas y con las demás religiones, de reconocer "elementos positivos” incluso en las "formas imperfectas”, como serían el matrimonio civil o las convivencias.
El matrimonio civil, efectivamente, al alcanzar una "notable estabilidad” se caracteriza por un "afecto profundo” y una responsabilidad hacia los hijos, y debe ser considerado como "germen para acompañar” en el desarrollo hacia el matrimonio sacramental. En varios puntos de la relación surge la insuficiencia de un anuncio "meramente teórico” y sin vínculos con los problemas reales de las personas. Los pastores no son simples enunciadores de principios, proveedores de esquemas doctrinales redactados desde lo alto, fríos repetidores de leyes o reglamentos canónicos.
La Iglesia debe ser capaz de hacer que reverbere el mensaje de la misericordia de un Dios que abraza y ama antes de juzgar. En este sentido, la primera conversión es la del lenguaje. Respecto a la posición de algunos, en el sentido que los divorciados y vueltos a casar no comulguen pero hagan la comunión espiritual, no pocos Padres sinodales plantearon que, ¿si es posible la comunión espiritual, por qué no es posible acceder a la sacramental?
Tal vez la novedad más notable en cuanto al enfoque y al lenguaje sea respecto a la regulación de la natalidad y a los homosexuales. En cuanto a lo primero se ha pedido que se respeten las decisiones que asuman los esposos, sin presiones externas. Respecto a la aceptación de las personas homosexuales, se dijo en el Aula del Sínodo que "tienen dones y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana: ¿estamos en grado de recibir a estas personas, garantizándoles un espacio de fraternidad en nuestras comunidades?”.
John Thavis, experto en el Vaticano y autor del exitoso libro de 2013 "The Vatican Diaries”, calificó el documento del cardenal Erdö, como "un terremoto” en la actitud de la Iglesia hacia los gays. "Quest”, uno de los grupos católicos por los derechos de los homosexuales con más antigüedad, con su sede central en Londres, dijo en un comunicado que partes del documento del sínodo "representan un quiebre ya que reconocen que esas uniones tienen un valor intrínseco y constituyen una contribución valiosa a la sociedad y al bien común”.
(*) Escritor italiano.
