En un momento histórico del país, como el que estamos viviendo, ni el oficialismo ni la oposición parecen tener la mejor receta que nos guíe por un camino seguro, al menos en lo electoral. Massa y Macri presionan para sacar rédito personal y el oficialismo, en lugar de hacerse cargo, se victimiza. La elección de Tucumán ha resultado la gota que rebalsó el vaso, pero de verdad que todo ya venía mal barajado y como fue esa provincia, pudo haber explotado en cualquier otra. Y aún hay tiempo para que se ponga peor, lo que en sí es lamentable. Que hay que modificar la manera en la que votamos los argentinos, ni siquiera el más kirchnerista de todos se animaría ha contradecir semejante obviedad. Que debe hacerse con tiempo y sin prejuicios partidarios, también es real. Qué sistema, cuándo y cómo debe aplicarse, tiene que ser materia de estudio de especialistas, no de políticos, que saben menos en casi todo lo que dicen saber. Todo esto ocurre en medio de algunas interesantes definiciones políticas que se están dando a medida que avanza el calendario y nos acercamos al 25 de octubre: Sergio Massa ha reiterado por enésima vez que el acercamiento con Mauricio Macri, foto incluida, no es más que eso, un acercamiento y nada más. Y Juan Manuel Urtubey, reelecto gobernador salteño, devenido en vocero sciolista de último momento, adelantó algunas afirmaciones económicas del equipo de Daniel Scioli que bien valen la pena repasar. ¿Algunas de estas cuestiones rozan al menos con San Juan? Sí, todas.
Lo de Tucumán le dolió a todo el país. No sólo por las imágenes de las urnas quemadas, las dádivas en plena jornada electoral o la incomprensible represión posterior, a la postre, la frutilla para una elección plagada de irregularidades. Dolió porque todos sabemos que mañana o pasado puede pasar en cualquier otro rincón de la Argentina, donde las reglas son exactamente las mismas que en esa provincia. Lo que pasó en Tucumán, dicho por algunos ultra sciolistas, fue un mal manejo del mapa político tucumano de parte de algunos dirigentes peronistas, como el mismísimo gobernador José Alperovich, entre otros. Hubo una reacción de la gente de la capital tucumana ante el hartazgo por la soberbia que le sale por los poros al mandatario provincial. Una reacción, posterior peor manejo policial y, como resultado final, la vergüenza absoluta. Afortunadamente en otros rincones del país los popes peronistas saben manejar mejor las cosas, si no, tendríamos un Tucumán a la vuelta de cada esquina. Al margen de ese evidente mal manejo "alperovichista", también hay críticas que hacer a la oposición, con Mauricio Macri y Sergio Massa a la cabeza: salieron a unirse de manera inmediata tratando de obtener rédito de la desgracia. Peor Massa que Macri, porque al menos el segundo se animó a aplicar otro sistema en el lugar que gobierna, lo que en la práctica es hacer política con lo hecho. Macri exageró el tono y, parece, terminó ayudando al ex intendente de Tigre en la carrera por sumar votos e imagen, lo que en medio de la campaña puede resultar fatal. Por ahora, Massa ha dicho que el acuerdo se termina ahí, donde empezó, en la foto de ellos dos junto a Margarita Stolbizer y Ernesto Sanz. Con tan contundente afirmación, resulta sospechoso que algunos grupos sigan insistiendo en ese acuerdo político. Habrá que ver con el resultado del 25 de octubre en la mano, a quién le fue mejor con esta movida.
Sciolismo puro
Esta semana hubo también algunas otras definiciones interesantes desde el oficialismo: el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, salió a oficiar de vocero sciolista y dejó algunos párrafos para no dejar pasar por alto. Entre otras cosas, dijo que Cristina Fernández no va a cogobernar; que las economías regionales están quebradas y que para solucionar ese escenario, hay que discutir las retenciones; que está de acuerdo con modificar el sistema electoral; que hay pobreza en la Argentina; que hay que negociar con los acreedores extranjeros; que el crédito para el sector privado debe ser de un dígito; que no hay que enamorarse de las recetas económicas, y hay que aggiornarse a las épocas. Más o menos lo que piensa el peronismo, que con estas declaraciones, salió a separarse de manera notable a lo más duro del kirchnerismo. Como todo mundo sabe, algunas de esas definiciones, como las de la pobreza, las del crédito, las de las negociaciones con los acreedores y otras, son poco menos que malas palabras en el entorno más íntimo de la Presidenta. Todas esos pensamientos impactan de lleno en la vida de los argentinos, incluso de los sanjuaninos, que están en el grupo de los "quebrados" a los que hace referencia Urtubey al hablar de las retenciones a las exportaciones. Nadie va a salir a afirmarlo ni a negarlo, pero a medida que se acerquen las elecciones, habrá más voceros de Scioli que empezarán a desnudar el verdadero pensamiento del peronismo, que no es el mismo que se lee en estos días.

