Si hay algo que desprecia el populismo es el sano juego de las instituciones democráticas porque se nutre de organizaciones de extrema izquierda cuya filosofía es la toma del poder mediante la fuerza. Por eso el amplio abanico del activismo kirchnerista mantiene estrechos vínculos con el grupo Quebracho, conocido como elemento de choque para imponer un modelo que la ciudadanía sepultó el año pasado con el triunfo del presidente Mauricio Macri.

Sin embargo el líder de Quebracho, Fernando Esteche, anunció la semana pasada en un acto que ‘vamos a provocar la crisis y construir la salida a esa crisis. Por eso estamos presentando una herramienta que no es sólo política-electoral, sino que será una herramienta de lucha y de organización popular’, un planteo que no es nuevo sino la reiteración de las amenazas de 2015 ante las tendencias de voto para el balotaje.

Nada cambia para Esteche, ni para los personales que lo escoltaban en La Plata: el procesado exvicepresidente Amado Boudou, el ultra kirchnerista Gabriel Mariotto ex vicegobernador de Buenos Aires, el exdirigente montonero Fernando Vaca Narvaja y el polémico exfuncionario Luis D’Elía. Es decir, no fue un simple exabrupto sino la confirmación de un plan sedicioso gestado en los sectores más duros del gobierno anterior.

Según Esteche, ‘este gobierno va hacia una crisis segura, que ayudaremos a desatar. Es un gobierno que va a caer, y que vamos a ayudar a que se caiga, porque gobierna contra el pueblo. Por lo tanto, vamos a hacer lo posible por no dejarlos gobernar’, lanzó en el acto opositor rubricado con vítores y aplausos. Estas palabras tipifican delito de sedición, nada menos, con una gravedad tal que buscan lesionar el orden constitucional. En una democracia y con la amplia libertad de expresión que gozan los argentinos, cualquiera puede expresarse contra un gobernante o un gobierno, pero lo que está penado por la ley es ponderar el hecho criminal de voltear o derrocar a un gobierno legítimamente electo.

Tan lamentable como este ataque a la democracia, fue el escándalo promovido por los diputados de La Cámpora en la Cámara Baja, para impedir el repudio que merecen estas expresiones subversivas. Pero la justicia platense ya avanza por su lado.