El discurso del titular de la CGT, Hugo Moyano, en la Plaza de Mayo, y las palabras de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en San Luis, el miércoles último, pusieron de manifiesto que la distancia que ahora los separa. Ambos hablan de diálogo y al mismo tiempo acusan que sufren extorsión.
El camionero habla reiteradamente de Perón y del peronismo, y la Presidenta, en cambio, no lo hace con frecuencia mientras el sindicalista hace reclamos y la jefa de Estado destaca los logros de su gestión. Cristina Kirchner, al afirmar que no moverá el piso del Impuesto a las Ganancias este año, deja en claro que no negociará aunque los gremios antimoyanistas preparen un proyecto para incrementarlo.
De socio principal, Moyano se convirtió en critico del cristinismo, pero quedaron dudas del poder de movilización del líder cegetista. El Gobierno se empeñó en quitarle volumen a la concentración convocada por la CGT y logró parcialmente su propósito de limitarlo al gremio de camionero. Otros se persuadieron de no movilizarse hacia la Plaza de Mayo aunque compartían el reclamo de Moyano en torno al mínimo no imponible y las asignaciones familiares. Del mismo modo, tampoco estuvieron en el acto los vastos sectores medios independientes. Como corolario de la movilización quedarán las durísimas palabras de Moyano contra Néstor Kirchner, a quien elípticamente aludió con descalificaciones, pese a que fue el que encumbró al dirigente camionero permitiendo la captura de afiliados de otras asociaciones e impulsado su participación en la conducción política del Justicialismo.
Moyano cuestionó el estilo de gestión del gobierno nacional, calificado como de "imposición, y ausencia de diálogo”. No deja de llamar la atención que el camionero haya tardado tanto tiempo en advertir los problemas que ahora reclama cuando ha perdido su influencia en las esferas del gobierno que tanto defendió. También, que hubiera esperado a que el ex presidente Kirchner falleciera para recordar su pasado, mostrando ahora un resentimiento que no debe manifestarse en la conducción de intereses de los trabajadores.
El mensaje de fondo de Moyano fue que con el dinero de los trabajadores no se juega y con el de los sindicatos mucho menos, aunque expresó que en su sindicato sólo manda él y nadie más. A su vez, el oficialismo debe ser consciente que el cambio de la situación económica potencia los conflictos políticos y sociales. Meses atrás, los estrategas del oficialismo pensaban que se ganaba liderando y buscando consenso en base a los resultados. Ahora esta estrategia no parece ser la correcta.
