"Las bellas artes son la más viva expresión de nuestro ser”, repetía Domingo F. Sarmiento. Es que para él, el arte y el viajar fueron una forma esencial de aprendizaje.

Ante el entusiasmo por el arte, el autor de Facundo no fue ni un erudito, ni un experto, ni un profesional pero sí originó opiniones sobre sus escritos: Lugones dijo que "Sarmiento pinta escribiendo”. Pagano comentó sobre "El calor y el color de su prosa desbordante” y Avellaneda después de unas vibrantes reflexiones diría: "¡Cuánta facilidad tiene su pluma para convertirse en pincel!”

La contemplación de las riquezas artísticas y la importancia que le daban a su conservación y mantenimiento, lo hizo advertir que en San Juan muchas familias que él conocía conservaban telas o bien excelentes copias de pintores famosos. Concibió así la idea de formar en su terruño un museo de arte como los que visitó en sus viajes.

Este pensamiento lo transcribió en su libro Recuerdos de Provincias de la siguiente forma: "El mejor estudio que de las bellas artes hice durante mi viaje en Europa, fue aquel curso práctico de un año consecutivo, pasando en reseña cien museos sucesivamente; me sugirió la idea de escribir a Procesa, la artista capaz de traducir mi pensamiento, para que, tomando las precauciones imaginables, a fin de que no se trasluciere el objeto, recolectase poco a poco los cuadros dispersos y formarse la base de un museo de pintura”.

Mientras se echan las bases de la Organización Nacional, se preocupa de promover el interés de las personas, de las instituciones y de los gobiernos para que se funden museos que atesorarían no solamente los objetos artísticos y naturales, son también aquellos que habían pertenecido a próceres y a pasadas civilizaciones, porque entendía que los museos encierran el patrimonio cultural de la humanidad y son los custodios de los testimonios de la historia de la civilización.

Sostenía que los gobiernos son lentos en realizar porque no tienen sino cabeza que calcula. "Les falta -decía- corazón que se apasiona”. Esto era precisamente lo que a él le sobraba: pasión por todo lo que consideraba necesario para el progreso del país y el mejoramiento del hombre americano.

Con un plan de gobierno con ideas claras, maduras en estudios, viajes y experiencias, asumió la Presidencia de la Nación, un 12 de octubre de 1868.

Ricardo Rojas opinó que esta fue una presidencia tempestuosa, enumerando los obstáculos que se oponían a una marcha de paz y de civilización: la guerra no terminada con el Paraguay; revoluciones locales; oposiciones violentas; el asesinato de Urquiza; el levantamiento de López Jordán; penurias económicas; ataques de la prensa; crueldades de la naturaleza como el cólera y la fiebre amarilla.

Sin embargo, en su ciudad natal Sarmiento se vincula con los distintos ambientes artísticos y disfruta del teatro y de la plástica.

En 1868 crea el Museo de la Provincia de Buenos Aires y al año siguiente motiva a los gobernadores provinciales para organizar colecciones y museos con las muestras de minerales de cada zona.

En el mismo año compra de los descendientes de la familia Laguna, la histórica Casa de Tucumán, más tarde Museo.

En 1871 crea un Jardín Botánico en el Colegio Nacional de Buenos Aires y funda museos de Mineralogía en los Colegios Nacionales de Catamarca y San Juan, y un Museo de Botánica en la Universidad Nacional de Córdoba.

También fue un precursor de los museos vivientes: el de plantas y el de animales, y en 1884 inaugura en San Juan un salón de pintura, el primero del país. Se presentaron 96 obras, reveladoras de lo sembrado por Sarmiento con su palabra, estímulo y directivas. El prócer saludó el acontecimiento desde las columnas de El Nacional, su diario porteño: "… hay -decía entre otras cosas- una escuela de pintura en San Juan que vive de sí misma y forma un rasgo distintivo de la educación de este pueblo. Ni Santiago de Chile, ni Buenos Aires presentan desarrollo igual del gusto por la pintura”.

Al precursor de los museos argentinos, nada más justo que se le erigiera el suyo. Así, con el patrimonio donado a la República por sus nietos Belín Sarmiento, se crea, por ley de la Nación, en un edificio que es monumento histórico nacional, al cumplirse el cincuentenario de su fallecimiento, el museo histórico que lleva su nombre. El Museo Histórico Sarmiento es una casa de cultura histórica y un lugar de evocaciones retrospectivas donde cada objeto o reliquia, cada documento o retrato encierran una enseñanza, despierta un recuerdo o representa un ejemplo digno de ser imitado.