El Ministerio de Educación de la Nación, en línea con las Ciencias de la Educación hace pesar la instrucción sobre la educación. Esta última objeto de la Pedagogía, desterrada por nuestro sistema educativo.

El síntoma visible de este hecho se revela en la implementación de la política educativa que se aboga en este milenio, de hacer sustentar las bases y sustentos epistemológicos a favor de las Ciencias de la Educación y en detrimento de la Pedagogía, ciencia por excelencia del objeto propio de estudio, la educación. Desde la implementación de la Ley Federal de la Educación (hoy derogada) y en vigencia de la actual Ley Nacional de Educación 26.206, incursionan un sinnúmero de docentes que no tienen la carrera pedagógica en los profesorados, pero que si se han ingresado al sistema e incluido con una formación pedagógica de dos años promedio en institutos superiores y en universidades de nuestro país. Sucede que se pretende que la enseñanza tenga connotaciones docentes por los que no se atreven a reconocer su estatus de "instructores” y que no son de carrera pedagógica como los profesorados creados para tal fin. Esta situación ha logrado niveles tan arbitrarios que han promovido a docentes especializados en Ciencias de la Educación (rama de la Pedagogía) pretendiendo sustituir a la misma ciencia Pedagogía (que forma profesores) por quienes no lo son pero que se dedican a la enseñanza. Esta corriente que se inscribe en universidades de nuestro país incluye al mismo Ministerio de Educación de la Nación, quien en su pretendida observación, no sólo ha eliminado de las escuelas secundarias los bachilleres pedagógicos o llamados BOD (bachilleres con orientación docente), sino que además ha permitido que se eliminen de nuestras universidades los profesorados en Pedagogía, haciendo una ponderación de las ciencias de la educación a favor de profesionales que no son profesores y con actual descaro hoy, haciendo una apología de Domingo Faustino Sarmiento, pretendiéndose reemplazarlo y por consiguiente quitarle la jerarquía histórica del cultural reconocimiento de "Maestro de América”, deponiendo su imagen y sustituyéndolo por Justo Sierra a quien se lo denomina de igual manera.

Poner en evidencia estos consecuentes hechos desde la política del Ministerio de Educación de la Nación, develan que en las últimas décadas han concretado sus fines antes mencionados queriéndose culminar con la exclusión de Sarmiento de todo campo y tomando partida determinante de ello el mismo ministro de Educación nacional, Alberto Sileoni y su equipo técnico. Se ha tomado de esta manera a Justo Sierra por los siguientes motivos: promover el cambio del concepto de "instrucción” por el de "educación”. Se le conoce también como "Maestro de América” por el título que le otorgaron varias universidades de América latina. En 1871 se recibió de abogado. Varias veces diputado al Congreso de la Unión, lanzó un proyecto que sería aprobado en 1881 y que daba a la educación primaria el carácter de nacional, integral, laica, gratuita y obligatoria. Así mismo sostenía, el educando ha de ser educado para ser miembro autónomo de las comunidades culturales históricas a las que pertenezca y una escala de valores en la que se combinan sin conflicto el nacionalismo, el universalismo, el laicisismo, el igualitarismo, la democracia, la libertad y la excelencia intelectual y moral.

Sostiene: toca al escritor, al filósofo, el historiador, combatir la doctrina con la doctrina y denunciar y refutar las ideas que desde la cátedra católica niegan la legitimidad de cuanto constituye las condiciones de vida de la sociedad actual. Pero esto no lo puede hacer el Estado, no puede convertirse en sectario, porque representa la totalidad nacional y de lo contrario rebajaría su papel al nivel de los odios religiosos y su misión de justicia quedaría fundamentalmente adulterada por esta suerte.

En cambio Sarmiento, fue el único de su generación que elaboró un proyecto educativo orgánico (H. Recalde, pág. 46). El mismo aparece formulado en educación popular, calificado como la "primera obra de magnitud que se publicó sobre el tema en Sudamérica”. Contiene el resultado de observaciones recogidas por el autor en sus viajes desde 1845 a 1847 por países europeos y EEUU; realizado por iniciativa de Manuel Montt, ministro del Interior de Chile y luego presentado como proyecto al Congreso en ese país.

Sus fuentes son los principios pedagógicos surgidos durante la revolución francesa y la realidad del sistema educativo norteamericano, que le habían impactado. Afirma por el contrario que la educación es un derecho de todos y que es un deber del Estado el asegurarla. Cuando Sarmiento hablaba de "educar al soberano”, hacía hincapié en que la educación se centraba en los valores de trabajo, probidad, ayuda, respaldo y recato, y que el alumno debe interesarse y poner en práctica los mismos.