A 124 años de su muerte, la vigencia del legado de Domingo Faustino Sarmiento sigue casi intacto si de progreso, república democrática y excelencia educativa para todos los niveles se trata. Vivió con mucha mística en su época y fue un visionario del siglo XXI. Asombra la vigencia de su pensamiento y de su conducta ética, por más que algunos ideólogos quieran contrarrestar hoy su grandeza.
En el prolongado exilo en Chile, ejerció el periodismo, estudió inglés en soledad, escribió libros memorables y viajando por el mundo trajo las últimas innovaciones en todo y como todo genio, fue un héroe contradictorio. Extendió la red ferroviaria, implantó el telégrafo en todo el país y lo puso en comunicación con los Estados Unidos y Europa, mandó abrir caminos, postas, impuso el sistema métrico decimal, promovió la navegación de los ríos, proyectó la construcción del puerto de Buenos Aires, estimuló la industria con premios e incentivos económicos, alentó la mecanización agrícola y la introducción de nuevas industrias y la división de latifundios.
"Fue el cerebro más poderoso que haya producido América”, dijo emocionado Carlos Pellegrini, al recibir los restos de Domingo Faustino Sarmiento que llegaron desde Paraguay, donde murió el 11 de septiembre de 1888. El prócer sanjuanino abarcó todo lo que su ojo indagador pudo ver. Así, saltaba del periodismo crítico a la idea y realización de alambrar los campos para aumentar las plantaciones de maíz y trigo, cuyas innumerables variedades de semillas se encargó de introducir. Con esta tecnología, por primera vez la Argentina dejó de importar harina. Fomentó la vitivinicultura y la industria del vidrio.
Por él nació el precursor de lo que fue el Banco de la Nación, creó el Departamento de Agricultura y fomentó la subdivisión del suelo, el arraigo del colono y el fomento de la riqueza minera. Eso, claro, lo recordaba cuando trabajaba cerca de una mina en Copiapó, en sus años de exilio en Chile, y aprovechaba sus horas muertas para enseñar francés. Fundó el Colegio Militar en 1870 y reorganizó la Escuela Naval, elevando de esta manera el profesionalismo de las fuerzas; instaló formalmente la primera Escuela Normal de la República en Paraná; sancionó la ley de Bibliotecas Populares y creó 100 en poco tiempo. Ese fue Sarmiento. Un adelantado.
