El presente histórico late en la obra de Domingo Faustino Sarmiento, en quien no podemos dejar de reconocer que el modelo de país que trazó el ilustre sanjuanino, basado en las lúcidas observaciones del desarrollo europeo y norteamericano, tiene todavía vigencia. La concepción y la obra sarmientina está viva en el presente, aguardando la aplicación de muchos de sus programas.

Los hombres de 1853 compartieron en general la posición de Sarmiento. Nada podía construirse bajo las formas de un país civilizado con la oposición a la influencia europea, sostenida por los caudillos del interior: con la "montonera”, por más que reconozcamos el valor heroico del elemento gaucho que formó los ejércitos de la patria, no podía constituirse un país social, político y económicamente organizado.

El problema de la educación fue en Sarmiento, amplio, abarcativo. Hombres, mujeres, niños y adultos, comerciantes e industriales, civiles y militares, campesinos y habitantes de ciudades fueron su objeto de preocupación.

Quería "educar al soberano” más allá de las aulas escolares; siempre regido por el progreso, la libertad, el orden, la democracia. Usó medios demostrativos para promover la industria nacional.

Constantemente instó a la explotación minera. Dio a conocer la actividad de empresas extranjeras propietarias de minas y usó medios informativos a través de los que llegó con un mensaje materializado en comentarios periodísticos, trabajos y libros sobre minería argentina.

En las pequeñas historias de convivencia porteña emerge un mensaje subliminal que pone en evidencia la educación de las buenas costumbres, tema predilecto para el sanjuanino. Hay anécdotas donde su fogosidad se contiene al intentar educar a funcionarios.

Los problemas de educación social y cívica no le dejaron de interesar. En sus viajes, el ilustre sanjuanino no declinó en su condición de "maestro”. Allí se manifestó el pedagogo subyacente.

Como presidente de la República, una de las primeras medidas de gobierno fue la creación de Escuelas Normales. Allí se formó un indispensable plantel de maestros bajo la consigna: "Necesitamos hacer de toda la República una escuela”.

El caudal recogido en sus viajes fue volcado en un libro discutido pero incitador, titulado Educación Popular.

Todas las formas, grados y niveles de la docencia ocuparon a Sarmiento. Así fundó el Colegio Militar y la Escuela Naval; organizó el estudio de agronomía y veterinaria; le preocupó la enseñanza de sordomudos y ciegos; creó el Museo de Historia Natural; levantó la Facultad de Ciencias y el Observatorio Astronómico de Córdoba; ordenó el primer relevamiento cartográfico del país y fomentó el interés por la arboricultura.