El General José de San Martín "lo que escribía con el puño no lo borraba con el codo”.

 

El 15 de enero de 1815, el Teniente Gobernador de San Juan, Teniente Coronel don Manuel Corvalán hizo publicar un Bando a partir del cual todos los europeos españoles que tuviesen esclavos, inicialmente entre 16 y 30 años, debían entregarlos para su incorporación al Ejército de los Andes. La multa por desobedecer esta orden era elevada y oponerse a la misma significaba correr un alto riesgo. Hubo alguien en San Juan, sin embargo, que intentó evadir esta medida. Nos referimos a don Ángel Miguel de Angulo uno de los tres abogados de la época. Para cumplir su plan que significaba fraguar la venta de dos esclavos contaría por un lado con la ayuda de su yerno don Diego Valentín García, minero y azoguero con residencia en Jáchal donde tenía su mina y donde trabajaban los esclavos Pedro Juan y Cristóbal y por otro, con su amigo personal el presbítero Pedro Pablo Rufino. Enterados don Angulo y el presb. Rufino del contenido del Bando del 15 de enero, inmediatamente enviaron cartas personales a don García advirtiéndole de la situación. El plan contemplaba la firma de la escritura de venta de los esclavos ante el juez pedáneo Agustín Tello en tiempo récord y en un día feriado (día de la Virgen de la Candelaria). Enterado de esta maniobra el Teniente Gobernador don Manuel Corvalán se lo comunicó al Gobernador Intendente de Cuyo, Coronel Mayor Don José de San Martín y ambos en conjunto decidieron iniciarle acciones legales a los tres involucrados. Parte de este proceso contempló entre otras acciones el allanamiento del domicilio de don García donde se incautaron las dos cartas y la escritura que finalmente los condenaría desde un comienzo. Don Angulo proclamó en reiteradas oportunidades su inocencia y la imposibilidad de pagar los mil pesos de multa que le correspondían. San Martín viendo que el tiempo pasaba y que este tema no se resolvía instruyó a Corvalán para acelerar el proceso condenatorio. Finalmente Corvalán ordenó el embargo y remate de la viña de don Angulo ubicada en el Barrio de la Colonia, a pocas cuadras al oeste de la Plaza Principal, para recaudar el dinero de la multa. Desesperado, don Angulo solicitó licencia para entrevistarse con San Martín en Mendoza. Desde allí recibiría como respuesta que podría viajar a una entrevista siempre y cuando pagase la multa que le impuso el Comandante de Armas. Así actuaba San Martín: lo que escribía con el puño no lo borraba con el codo. Corvalán trasmitió esta decisión a don Angulo y también a Don García que continuaría preso hasta pagar los mil pesos que le correspondían. Por su colaboración en el esclarecimiento del caso el presb. Rufino sólo fue condenado a entregar los esclavos (que finalmente eran de él) ante la Junta de Reclutamiento. La vida de don Angulo transitó por andariveles muchas veces rayanos con el escándalo, a pesar del enfrentamiento con San Martín y por esas ironías del destino, su hijo Javier fue premiado por su heroísmo combatiendo a los realistas en Chile y una de sus hijas, Jacinta Angulo de Rojo, tuvo el honor junto a doña Feliz de la Roza y doña Borja Toranzo de Zavalla de pintar la Bandera Ciudadana que enarboló el Comandante Cabot presidiendo la 2da División del Norte. Compensaciones, que le dicen, de la vida y de la historia para con un hombre que nunca encontró el lugar exacto para posicionarse ni con sus connacionales ni con los criollos quienes hicieron lo imposible para impedir que ingresara al Cabildo. Después del 25 de Mayo de 1810 y del 9 de Julio de 1816 su destino quedó sellado definitivamente. Ya no tendría protagonismo social ni político en el San Juan colonial de entonces. De ser un hombre de "fortuna y de pro" moriría en el exilio y buscado por la justicia el 30 de noviembre de 1818.

 

 

Por el Lic. Juan José Arancibia
Sociólogo. Autor de "Esclavos en la mira, españoles en apuros”.