Al cumplirse un nuevo aniversario del fallecimiento de gran capitán de los Andes, General Don José de San Martín, he considerado oportuno rendirle homenaje a través de la mirada de otro prohombre de nuestra historia, don Domingo Faustino Sarmiento vinculando a estas dos figuras que se mueven en la historia con el mismo impulso y los mismos ideales: la libertad de los hombre, el mayor exponente de los pueblos cultos y amantes del progreso.

La razón de ofrecer la palabra del ilustre sanjuanino, responde a que fue el primero en reivindicar las hazañas del héroe de Chacabuco y Maipú y también quien obtuvo del General, confidencias reveladoras sobre la Entrevista de Guayaquil, celosamente guardas.

Recordemos que cuando San Martín viene por primera vez a San Juan, Sarmiento es un pequeño de 5 años de edad pero que seguramente guardaba en su memoria todo el movimiento producido por su presencia en Santo Domingo, en el Barrio del Carrascal, muy cerca de su casa. Sin duda tendría el recuerdo de las conversaciones de su familia y la gran responsabilidad y confianza que San Martín depositó en el Capitán José Clemente Sarmiento, su padre, al encomendarle el traslado a Cuyo de prisioneros de Chacabuco.

Durante 40 años Sarmiento se dedicará a difundir la grandeza del Libertador y valorizar su obra. La inicia en 1841 con un artículo publicado en el diario "El Mercurio” de Chile, bajo el seudónimo de "Un Teniente de Artillería de Chacabuco”.

Sin duda, la vida y la campaña ejecutada por San Martín, fue motivo de admiración por parte del sanjuanino abrigando, siempre, la esperanza de conocer personalmente al gran héroe de su infancia.

Por esta razón, desde que Sarmiento emprende su viaje por Europa, África y América tenía como una obsesión buscar los medios y personalidades que le abrieran las puertas para conseguir tal fin. Grande fue su regocijo cuando llegó el ansiado día de visitar al General en su residencia de Grand Bourg, y este le comenta que recordaba que entre los hombres que batallaron en Chacabuco había un tal Sarmiento. "Ese era mi padre” le responde profundamente emocionado el sanjuanino.

En una carta que le envía desde París a su gran amigo Antonino Aberastain, le cuenta sobre su visita lo siguiente: "He pasado con él momentos sublimes, que quedaran para siempre grabados en mí espíritu…” "…lo he visto transfigurarse, y desaparecer a mi vista el campagnar de Grand Bourg y presentárseme el general joven, que asoma sobre las cúspides de los Andes, paseando sus miradas inquisitivas sobre el nuevo horizonte abierto a su gloria; sus ojos pequeños y nublados ya por la vejez, se han abierto un momento, y mostrándome aquellos ojos dominantes, luminosos de que hablan todos los que le conocieron; su espalda encorvada por los años se había enderezado, avanzando el pecho rígido como los de los soldados de línea de aquél tiempo…” "…¡Ilusión! Un momento después, toda aquella fantasmagoría había desaparecido; San Martín era hombre y viejo; con debilidades terrenales, con enfermedades de espíritu adquiridas en la vejez. Habíamos vuelto a la época presente.. Aquella inteligencia tan clara en otro tiempo declina ahora, aquellos ojos penetrantes que de una mirada forjaban una pagina de la historia estaban ahora turbios”.

Así lo vio Sarmiento a San Martín en su retiro. En otras tanta visitas que le hiciera por espacio de casi un año, el astuto sanjuanino logro reveladoras confesiones con las que estructuro la magnifica conferencia que pronunciara en el Instituto Histórico de Francia, en presencia del Libertador. Sarmiento dice al respecto: "Así salió mi discurso, casi al dictado del propio San Martín obteniendo por lo tanto su amplia aprobación.”

Sarmiento escribió mucho sobre el prócer hizo su biografías, la nota necrológica cuando llega a Chile la noticia del deceso del General y finalmente en 1880 en ocasión del traslado de los restos del ilustre muerto llegan a Buenos Aires, en cumplimiento de un anhelo del pueblo argentino y los deseos testamentarios del prócer, es a quien le solicita el gobierno para que los reciba pronunciando tan magnifica y sentida oración que todos los presentes inclinaron sus cabezas.

San Martín y Sarmiento, quedan identificados como dos generaciones propulsoras de un mismo ideal, como dos incansables luchadores de una causa común; "La Libertad”, sublime anhelo que se alberga solo en mentes nutridas de buenos principios que pueden pensar, los que consideran que "la sociedad ideal y el estado ideal consiste en una democracia en la cual cada hombre y mujer sean libres.”

San Martín y Sarmiento dos almas generosas que deseaban cimentar la paz, el orden, el progreso y la libertad.

Ambos utilizaron sus armas para abrir paso a la opresión y la ignorancia, uno con la espada y otro con la pluma y la educación.