Los sistemas de previsión social al igual que los sistemas recaudatorios que se basan en lo que antiguamente se conoce como un sistema piramidal, hoy están colapsando.

 

El financiamiento de la salud debe ser concebido en su sentido más estricto no como un costo sino como una verdadera inversión a largo plazo a favor de una "sociedad sana". Así lo afirma la Organización Mundial de la Salud (OMS) en una serie de documentos en iniciativas institucionales pospandemia. Donde se enfatiza, ratificando como verdad fundamental, que salud y economía son interdependientes.

Desde esta perspectiva, la OMS luego de la pandemia sugiere como meta que las naciones destinen el 6% de su PBI a la salud, refiriéndose a la inversión que en los sistemas de salud en general debe realizar como mínimo el sector público.

Los sistemas de naturaleza actuarial, lo que significa que la salud se financia a partir de un cálculo o prima de riesgo en función de la probabilidad de ocurrencia de un evento que dispara el consumo de una prestación, en la actualidad no son viables.

La posibilidad de estimar el valor de las primas de reaseguro a través de una metodología alternativa a la actuarial, que es la actualmente utilizada, permite aprovechar los desarrollos hechos por las finanzas modernas en el campo de los modelos estocásticos. La mayor disposición de información sobre las metodologías de valoración de opciones que pueden ser utilizadas para estimar primas de seguro y reaseguro las hacen estar más al alcance de las firmas de aseguramiento y de las compañías de seguro para aplicarlas.

La equivalencia entre la adquisición de opciones y las operaciones de reaseguro hace que la teoría de valoración de opciones se perfile como el posible método alternativo utilizable para estimar el valor de las primas de reaseguro. La posibilidad de reproducir una operación de reaseguro en el sistema de salud, a través de un sintético, abre el camino a la utilización de la teoría de valoración de opciones para el cálculo de primas de reaseguro.

En salud el método actuarial no es viable por razones exógenas al método y propias de la naturaleza del sistema de salud.

En primer término, porque se trabajaba con guarismos o probabilidades de frecuencia y ocurrencia que se han modificado al igual que la esperanza de vida de las personas y una batería de avances científicos volcados a tratamientos de enfermedades de los que nadie quiere quedar afuera. Y es lógico que así sea. ¿Quién estaría dispuesto a renunciar a una mejor calidad de vida?

En términos de la teoría de las opciones, sería una pérdida de riqueza. Razonamiento que más allá de lo técnico raya con algunos límites éticos al tratarse de la salud pública.

SISTEMAS COLAPSADOS

Los sistemas de previsión social al igual que los sistemas recaudatorios que se basan en lo que antiguamente se conoce como un sistema piramidal, hoy están colapsando y su partida de defunción está firmada. Vemos cómo progresivamente sacuden las noticias en Europa donde se preciaba de desarrollar el famoso Estado de bienestar como el colapso de los sistemas previsionales pasan a ser verdaderos dramas sociales y prevalecen los rechazos de las sociedades a los gobiernos que emprenden reformas obligadas por los hechos al respecto.

Los sistemas piramidales en el mundo terminan convirtiéndose en esquemas Ponzi si bien no fueron pensados para esto. Finalmente, para el jubilado termina siendo una estafa. Más temprano que tarde como dice la canción.

En los países de mayor desarrollo y riqueza los sistemas de salud no son entregados de manera infantil a las denominadas manos invisibles o reglas de libre mercado. Y menos aún en lo que se consideran prestaciones básicas universales a entidades carentes de control tanto en lo sanitario como en lo económico y financiero fundamentalmente.

Esto se debe, a partir de que la idea de que el mercado al ajustar por oferta y demanda logra una eficiencia en la asignación de recursos inapelable. Es inevitablemente falso en la realidad de la salud y así lo ratifican los sistemas más eficaces donde su naturaleza por lo general es mixta (participación pública y privada). Existe una obligación social básica asumida por la sociedad civilmente organizada, el estado, sus instituciones y regulaciones con organismos de aplicación y de control. Complementariamente alternativas privadas que pueden mejorar o aumentar el valor de la cobertura de manera opcional a quien en uso de la libertad de elegir así lo hiciera. Las obligaciones universales solidarias básicas las asumen los estados y las iniciativas privadas complementan.

Si la Argentina en las vísperas de un proceso donde se supone se discutirán los vectores de las políticas que debieran desarrollarse los próximos años no incluye en la agenda el financiamiento y sostenimiento de un sistema de salud que priorice la salud de los ciudadanos por encima de los derivados financieros, la posibilidad de ser la caja de la política sindical o cualquier otro desvío cierto; no podremos salir nunca de la decadencia a la que nos quieren hacer creer estamos condenados.

Reconocer a los médicos

Lo central y concluyente es entender el valor irremplazable en cualquier sistema de salud del acto médico. Por ende, el correcto reconocimiento de los profesionales médicos considerados el núcleo productivo central del sistema es quizás una obviedad. Sin embargo, en nuestro país esto pasa a segundo plano o tercero y quizás hasta cuarto. Somos el único país del mundo que delega la administración sin control y asigna una cantidad enorme de recursos a organizaciones como las obras sociales sindicales. Somos un país donde más del 70% de la sociedad se atiende en prestadores privados de salud a los cuales, en la mayoría de los casos, mal remunera el mismo Estado, las obras sociales sindicales y existe una posición dominante de las empresas de medicina prepaga que también minimizan los aranceles recibidos por los prestadores médicos. Un ejemplo claro es que la mayoría de las prepagas pagan hoy una consulta médica en promedio la mitad de lo que paga el PAMI, lo cual no es suficiente y equivale al costo de un rollo de papel higiénico, quizás como símbolo más concreto del valor que se le da a la salud.

 

Magíster Juan Manuel Ibarguren
Secretario de CAMEOF