Lo peor que podría ocurrirle al municipio es que distorsione el acto fundamental que le concibe como organización primaria, primera y esencial de todo el vecindario. El primer grito organizacional y funcional necesario e importante por su proyección política, social y cultural, es el municipio, anterior a cualquier otra forma de servicio y de gobierno. Más allá de sus antecedentes y de la historia, el municipio es primero funcional al servicio y luego, en todo caso, una estructura u organización gubernamental.
Los funcionarios o jefes municipales, desde los viejos tiempos, excedieron con asiduidad sus roles y no por ello alumbraron caminos nuevos. Todo lo contrario, la energía sobredimensionada ensucia la ciudad y el rol que nunca debe descuidar el municipio es "mantener limpia la ciudad”. A partir de este concepto viene todo lo demás.
Recordemos que hubo tiempos en la historia donde todo lo que molestaba en una vivienda desde los desperdicios hasta las heces se arrojaban a las calles. Lo primero, entonces, es la recolección de residuos, y luego se agrega todo lo inherente a esa limpieza y hermoseamiento de la ciudad, pero sin descuidar jamás el sentido y orientación fundacional municipal.
En España, los ayuntamientos cumplen muy bien sus funciones porque no abarcan lo que no deben. Ellos recaudan notablemente menos que nuestros municipios, pero lucen impecablemente por lo que hacen. Las calles y rutas son "billares” como huelga la expresión popular y se hacen cargo responsablemente de mantenerlas y mejorarlas, porque si un transeúnte tropieza o un automovilista sufre un daño en su vehículo inmediatamente surge un juicio rápido contra el ayuntamiento y las cifras compensatorias suelen ser considerables. Además, la labor cultural y de apoyo al turismo es admirable.
Hoy, las nuevas concepciones incursionan en el rol del municipio en el desarrollo local, por considerarse el ámbito municipal célula fundamental del orden político y social del Estado, donde se establecen las relaciones interindividuales que permiten la satisfacción de las necesidades primarias.
El municipio es el primer catalizador de la inquietud familiar y principal enlace del ciudadano con todas las actividades en la gran comunidad. La identidad cultural de las regiones está ligada más al quehacer municipal que a cualquier otra organización humana. No la descuidemos, pues, que en ese enlace cobra también formas educativas.
