Siempre recuerdo que en Francia, en tiempos de la presidencia de Francois Mitterrand (1981-1995), un diario parisino comparó a este líder socialista de entonces con el rey español Juan Carlos. Por la personalidad de ambos calificó a Mitterrand como presidente de una monarquía y a Juan Carlos como rey de una república, ya que nunca se demostró que los españoles son monárquicos pero si quedó claro que había una gran mayoría de "juancarlistas”. Sobre todo porque Juan Carlos supo cambiar radicalmente la promesa hecha a Franco en su lecho de muerte y elegir la democracia para España. Y luego, en 1981, detuvo un golpe de Estado del franquismo residual todavía activo hasta ese momento. Si a esto sumamos que las mejores relaciones entre la monarquía y el gobierno español se observaron bajo el gobierno socialista de Felipe González (1982-1996), llegándose a calificar éstas como "impecables”, estamos ante la conclusión de que el rey saliente ha sido la cabeza de una especie de república donde como jefe del Estado y de las Fuerzas Armadas representó hasta ayer la unidad nacional, y ostentó el poder moderador respecto de los otros órganos del Estado, sin asumir funciones de gobierno, sino simbólicas, y "sin adentrarse en la contienda política concreta que corresponde al binomio Gobierno/Parlamento”. Por ello también, los actos del rey en España necesitan ser refrendados por el presidente del Gobierno, los ministros correspondientes o en su caso el Presidente del Congreso de Diputados.

Desde aquella anécdota periodística citada, siempre se subrayó el perfil republicano del monarca español. Quizá por eso, puede decirse que el nuevo rey Felipe, de 46 años, que jurará su cargo frente al presidente del Gobierno, mientras en algunas plazas de su país reclamarán un referéndum para reinstaurar la república, asume como soberano de un país republicano que fue "juancarlista”, pero que sólo él podría transformarlo en "felipista”.

El único hijo varón de los reyes salientes Juan Carlos y Sofía y legítimo heredero al trono según la vigente Ley de Sucesión Fundamental, no usará ningún elemento religioso ni siquiera crucifijo (España es un Estado aconfesional) y leerá un discurso preparado por sus asesores pero que, como en pocas ocasiones en este tipo de ceremonias, ha sido corregido y ampliado por él mismo. El acto que se desarrollará en el Congreso de Diputados, y preparado conjuntamente con la Casa del Rey y la presidencia del Gobierno, contará con la presencia de la gran mayoría de las fuerzas políticas con representación parlamentaria, inclusive los presidentes catalán, Artur Mas, y el vasco, Iñigo Urkullu, declarados republicanos, aunque no estarán presentes todas las fuerzas de izquierda.

No es un dato más señalar que en el histórico acto estarán ausentes el padre del nuevo rey y su hermana la infanta Cristina, cuyo esposo, Iñaki Undargarin, se encuentra sometido a un proceso judicial por sospechas de tráfico de influencias. Sí asistirán su madre, Sofía, y su hermana mayor, Elena, separada de hecho de su esposo, Jaime de Marichalar. Tras esta ceremonia los nuevos reyes recorrerán algunas calles de Madrid entre el Parlamento y el Palacio Real donde tendrá lugar una muy austera recepción a los poderes del Estado, grupos políticos, instituciones y delegaciones extranjeras.

A pesar de que en todo el mundo se hablará de "coronación” como sinónimo de asunción o llegada al trono, Felipe de Borbón y Grecia, que estará vestido de militar como capitán general de las 3 armas que ya es, no será coronado, es decir no le será colocada la corona en la cabeza, sino que ésta, de plata sobredorada de aproximadamente un kilo y que data de 1775, será colocada en el estrado del acto sobre un cojín especial. Encima estará un bastón de mando de 68 centímetros convertido en cetro y recubierto de una filigrana y esmaltes verdes azulados, según el comunicado de la Casa Real. Existe la probabilidad, como sucedió el 22 de noviembre de 1975 con la jura de Juan Carlos I, que tras la proclamación de Felipe VI el presidente del Congreso grite el clásico "viva el rey”, pero nadie lo ha confirmado. Sí se ha hablado mucho en estos días en España que la ceremonia estará marcada por gestos y símbolos muy estudiados previamente que denotarán el estilo, marcado por la austeridad que quiere dar Felipe a su reinado, en tiempos de grandes dificultades tanto económicas como políticas en su país.

Unos 7 mil miembros de las fuerzas de seguridad controlarán las calles de Madrid, ya que el ministerio del Interior ha aumentado la llamada "alerta terrorista”, aunque trascendió que no se han percibido "amenazas extraordinarias” para el día de la proclamación del nuevo monarca. Mientras tanto, y concluidas las celebraciones, la tercera fuerza política del país, Izquierda Unida pedirá que en 3 meses se convoque un referéndum sobre la monarquía y sobre el modelo de Estado de España. Más allá de que se lleve a cabo este plebiscito y de sus resultados, España sigue teniendo corazón republicano, con un rey a la cabeza que ahora, como él mismo dijo a quien esto escribe en un viaje de Estado entre Madrid y Santiago de Chile en 1992, tendrá que ganarse el puesto "desde el primer día, porque no lo tengo asegurado”.

(*) Periodista. Autor de "Vida de Reyes”