No puede ser que un docente se las tenga ver en figurillas para mantener el orden en su aula, que un director no pueda reajustar sus actuaciones frente a hechos de esta naturaleza y mucho menos que alumnos vayan armados a la escuela.
Estas fracturas de la disciplina obedecen a situaciones que no han sido vistas a tiempo y no pudieron ser, por lo tanto, corregidas. Pero este cambio debe ser analizado para poder ser ajustado cuanto antes.
El primer error de quienes violan las reglas es no entender qué es la autoridad, que no es prepotencia ni omnipotencia sino hacer cumplir las normas que una institución necesita para su desarrollo y para el mejoramiento de sus acciones. Para los chicos el "dire se sobrepasa con nosotros" y emiten otras opiniones semejantes para victimizarse y hacer lo que se les ocurra, aunque esté cercano al delito. Estas conductas poco tienen que ver con ese matiz de rebeldía que siempre fue parte de la conducta juvenil. Ahora estamos en la agresión.
Algunos directores dialoguistas no tuvieron éxito como tampoco las advertencias desde los lugares superiores de los directivos de la educación. Es más, en algunas revueltas algún ministro de Educación aconsejó no poner amonestaciones. Todo indica que hay que blanquear la situación, decir la verdad y buscar herramientas más convincentes para restablecer el orden, de manera que los docentes puedan enseñar y los alumnos aprender. Hay que hacer entender a alumnos y a padres que para enfrentar la vida en una sociedad cada vez más complicada, es necesario estar preparado y si es posible llegar a la especialización.
Nadie puede engañarse con respecto al futuro porque el mundo está en un momento de cambio social que no obedece a los deseos de los gobernantes sino a grandes corrientes de pensamiento que se han ido formando a través de la historia.
Europa, que entra en depresión económica, no podrá evitar el pasaje por una década muy difícil en política y habrá que observar cómo la enfrentará la ciudadanía que tiene una base cultural fuerte. Una conducta muy diferente a la de los latinoamericanos que en un alto porcentaje proclaman una cosa y hacen otra. Es cierto que la diferencia cultural está en la edad de uno y otro continente pero no es menos cierto que hay que asumir la realidad.
