Las elecciones generales de internas abiertas y obligatorias, celebradas el domingo pasado en todos los distritos del país, han constituido una prueba contundente de la disciplina de la ciudadanía para defender un modelo de gobierno republicano y federal que enorgullece a la cultura democrática de los argentinos.
Es mayor todavía el éxito de estos comicios, que alcanzaron alrededor del 70 por ciento de concurrencia a las urnas, por tratarse de una cita inédita con la decisión popular para avalar a las listas de candidatos que competirán en octubre venidero.
Como toda primera vez, pudo haber ciertas dudas y desajustes que se irán corrigiendo en el tiempo, pero lo importante es la responsabilidad cívica de los argentinos para no perder de vista a la legitimidad de decidir sobre el futuro de las instituciones de la república.
Lejos de ciertas especulaciones acerca de los problemas potenciales que pronosticaban las voces agoreras, se trató de una jornada comicial impecable, tanto por superarse la incertidumbre planteada por la mecánica del voto de cierta complejidad por el tamaño de la boleta y las posibilidades de hacer cortes para conformar las más diversas candidaturas, como de la ausencia de denuncias ni tampoco de irregularidades que pudieron existir. También merecen señalarse las reacciones de los triunfadores y de quienes les siguieron. Ha sido ejemplar las felicitaciones a los ganadores de quienes perdieron, reconociendo las derrotas, en un escenario de tranquilidad sin más exteriorizaciones de euforia de las habituales que rodean a los centros partidarios.
Es evidente, de acuerdo a este contexto político, que la democracia que tanto costó rescatar hace más de tres décadas, se ha hecho carne en el espíritu republicano y a pesar de las distancias ideológica que separan al espectro político, en cada convocatoria comicial el pueblo demuestra un apego a la democracia, que con sus defectos y virtudes sigue siendo un sistema único para la convivencia armónica de las sociedades libres y participativas de la cosa pública.
Por otra parte, las internas abiertas dejan una experiencia que deberá atenderse para corregir defectos o hacerlas más dinámicas, introduciendo mejores elementos, como la boleta única o el voto electrónico. Es ponerse a trabajar para mejorar.
