Las discusiones sobre la crisis climática que tendrán lugar en diciembre próximo, durante la Cumbre Mundial del Clima que se celebrará en París, Francia, no sólo involucrarán a los estados más industrializados, ni a los sectores más poderosos del planeta, sino que servirán para que todos los pobladores de la Tierra comprendan en qué grado están involucrados a la hora de aportar soluciones a la grave situación en la que nos encontramos inmersos.

Una prueba de ello son las expresiones del papa Francisco, quien al referirse a la preparación para ese encuentro mundial manifestó que "cada uno estamos llamados a responder personalmente en la medida que nos corresponde, según nuestro papel en la familia, en el trabajo, en la economía, en la investigación, en la sociedad civil, en las instituciones. Aquí el mayor enemigo es la hipocresía".

Con esta reflexión queda en claro que todos estamos llamados a cuidar de la naturaleza, por considerarse que es la única forma de sacar este tema adelante al tratarse de una crisis socio-ambiental en la que no sólo está en juego el destino de algunos países, sino del planeta entero.

En los últimos días, en el propio Vaticano, se han presentado nuevos datos sobre la crisis climática, que demuestran la gravedad del problema. Expertos de todo el mundo han demostrado que 2015 está siendo el año más caluroso de los últimos 100 años, lo que es un indicativo de que la situación se está agravando y que el cambio climático es una realidad.

Se está trabajando arduamente para conseguir que en la cumbre mundial de París, todos los sectores involucrados tomen conciencia de la situación y se llegue a un acuerdo eficaz y valiente para poder afrontar la crisis climática con las armas necesarias para contrarrestar sus efectos. Se considera que el cambio climático puede llegar a afectar a regiones enteras. Según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) lo países pobres serán los más vulnerables por tener menores recursos para mitigar los daños. Les costará más adaptarse a las condiciones climáticas, y no podrán defenderse de las oleadas de calor, aluviones, vientos y, fundamentalmente, la reducción de alimentos.

Es por ello que se pretende que en la cumbre mundial los países menos poderosos también estén presentes, planteando sus inquietudes y demostrando cómo todo el mundo resultará afectado si no se acuerdan soluciones reales ante un enemigo común, como es el cambio climático con todos sus efectos devastadores.