El Banco Central de la República Argentina (BCRA) vende dólares diariamente para tratar de sostener la cotización oficial, lo que ocasiona la baja continua de las reservas, señal evidente de la debilidad de una política económica que necesita cambios urgentes.

La inercia de los últimos años nos dejó un Banco Central preso de las necesidades del fisco, con serios problemas de credibilidad en su accionar, porque abandonó explícitamente el manejo de la política monetaria, que le pertenece y debería recuperar. En 2011, la autoridad monetaria ejecutó el cepo al dólar; en 2012, aceptó pacíficamente una modificación de la Carta Orgánica para continuar la generosa expansión monetaria y usar todas las reservas internacionales que le fueran solicitadas, dando lugar a la brusca disminución de las divisas que atestiguamos en 2013.

En este marco, los argentinos hemos ido perdiendo la estabilidad monetaria a partir de un Banco Central que se convirtió en una especie de monedero del Gobierno nacional. Al último día de 2013, la base monetaria era casi dos veces las reservas internacionales. La Carta Orgánica vigente impulsó la inestabilidad monetaria, ya que ahora no hay obligación de proyectar dinero, tampoco hay seguimiento trimestral de las metas y, lo peor, es que dejó de existir remoción al directorio del BCRA por no explicar desvíos, tanto en agregados monetarios como en reservas internacionales.

La política económica debería tomar nota de la asfixiante presión que opera sobre la política monetaria. En efecto, que las necesidades fiscales estén cubiertas no significa inexistencia de problemas: las reservas no son patrimonio del BCRA y los adelantos transitorios deberían ser una opción, no una obligación. El Gobierno ha decidido priorizar, en la última mitad de su mandato y en el marco de una situación económica delicada, el cuidado de las reservas por sobre la actividad económica.

La última prioridad, sin duda, es la inflación.

En definitiva, el vínculo entre el dinero doméstico y las reservas internacionales con la inflación y el tipo de cambio no es un capricho exclusivo de una corriente de pensamiento económico. Por desgracia, es una restricción básica que enfrentan todas las economías, y en especial la argentina, donde la moneda perdió trece ceros en los últimos 50 años.