El doctor Herbert Benson del Beth Israel Hospital de Boston, ha investigado muy bien los beneficiosos efectos que se obtienen mediante la relajación, cuando se la combina con las más profundas creencias religiosas y filosóficas de una persona. Seguiremos "’los lineamientos generales de su obra. A esta combinación de relajación con sistema de creencias personales, el doctor Benson la designa como "’Factor fe”.

Mediante el "’Factor fe” se pueden aliviar los dolores de cabeza, reducir la presión arterial, vencer el insomnio, mejorar la terapia del cáncer y reducir el estrés general. El poder de la actitud interior es tan grande, que sabemos que mientras un paciente conserve el optimismo, sus posibilidades de recuperación serán mayores que las de otro que mantenga una actitud negativa o se haya resignado a morir. En este sentido el médico juega un rol de primer orden. Un médico que preste apoyo moral constituye, a veces, la mejor de las medicinas. La curación es más probable cuando el paciente cree en el médico, el médico cree en el paciente, y ambos pueden establecer una relación armoniosa entre sí. "’El optimismo de un médico y su confianza en la capacidad de recuperación del paciente, pueden ser contagiosos. Si el médico confía en que el paciente podrá recuperarse, su sola confianza contribuirá a que éste se anime; y si acude a un médico capaz de despertar la fe y la confianza, el paciente tendrá más posibilidades de vencer su enfermedad. Una primera etapa de la relajación consiste en elegir una frase breve o palabra que refleje el sistema básico de creencias de la persona, lo bastante cortas como para poder repetirlas en silencio cuando se espira el aire de los pulmones. Para los católicos y algunos otros cristianos puede ser: "’Señor Jesús, ten piedad de mí”, "’Dios te salve, María”. Para otros cristianos: "’El Señor es mi pastor”. Si son israelitas, la palabra "’paz”, Shalom en hebreo; en el caso de los musulmanes, el nombre de "’Dios/Alá”, y así en las otras creencias. Luego, en una posición cómoda y con los ojos cerrados, se relajan los músculos, y se respira lentamente, empezando a repetir la palabra o frase, cada vez que se espire el aire. Esta técnica se practica durante diez a veinte minutos, dos veces al día, siendo el mejor momento antes de comer o varias horas después de las comidas.