El anuncio esperado se produjo seis meses después de que el 17 de diciembre de 2014 los mandatarios de ambos países informaron del inicio de un proceso para restaurar las relaciones diplomáticas, rotas en 1961. Dos equipos negociadores de partes han celebrado cuatro rondas de conversaciones en torno a las nuevas relaciones y con avances significativos. Por ejemplo, la salida de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, que elabora anualmente el Departamento de Estado estadounidense, o la histórica reunión entre los presidentes Obama y Castro durante la Cumbre de las Américas, en abril pasado en Panamá, donde el régimen cubano participó por primera vez.

Si bien la apertura de embajadas en La Habana y Washington cerrará la etapa de la restauración de vínculos bilaterales, no supone la normalización total de las relaciones. Debe recordarse que Cuba exige el levantamiento del embargo económico, comercial y financiero que EEUU aplica a la isla desde 1992, y también la devolución de los terrenos ocupados por la Base Naval de Guantánamo, pero la Casa Blanca no puede decidir sino el Congreso, una de las mayores dificultades de Obama por la necesidad de obtener la aprobación de los republicanos, más difícil todavía en momentos de puja electoral con los demócratas.

La ruptura de relaciones en 1961, fue la culminación de desencuentros políticos y económicos que se habían agravado de tal manera que ninguno de los dos países disponían de embajador en sus legaciones. El cubano Ernesto Dihigo López de Trigo fue retirado para consultas indefinidas en noviembre de 1959 y el estadounidense Philip Bonsal fue llamado por Washington en octubre de 1960. Durante el medio siglo siguiente Suiza se encargó de los intereses norteamericanos en la isla y la desaparecida Checoslovaquia de los cubanos en Washington. Posteriormente EEUU y Cuba han mantenido, Oficinas de Intereses, mediante un acuerdo firmado en 1977.

El deterioro de las relaciones binacionales comenzaron con las medidas adoptadas por Fidel Castro desde la llegada al poder afectando negativamente a los intereses estadounidenses, como fueron la Reforma Agraria de 1959, que permitió expropiar latifundios, o el programa de nacionalización de empresas extranjeras, en 1960, afectando a numerosas empresas estadounidenses. Ahora hay un panorama diferente y globalizador, con intereses geopolíticos que exigen nuevos vínculos y estrategias, como esta.