No existe ningún recuerdo de los tiempos democráticos de San Juan de una campaña tan sucia como la que acaba de terminar. Y pensar que pintaba para que fuera un tiempo político de calma con una acción moderada, hasta que arreció el huracán y se llevó todo puesto con el manual completo de agachadas, agravios gratuitos, confrontación o insultos.

– Hubo en esta campaña récord de presentaciones judiciales. Más que en la sumatoria de todas las elecciones juntas desde el "83 hasta ahora. Tanto medidas cautelares para suspender la elección -todas rechazadas- como planteos de inconstitucionalidad aún en trámite.

– Hubo en esta campaña exabruptos como la denominación de 60.000 desaparecidos para referirse a los jóvenes que quedaron afuera de esta votación. Nada en contra de un reclamo justo de los jóvenes por votar o de una refrescante militancia en el caso que se tratara de una urgencia cívica de las nuevas generaciones y no de un manejo de los más viejos. Pero la palabra desaparecidos tiene demasiadas connotaciones trágicas en este país como para resultar aludida de esa manera, menos aún desde un día simbólico: el 24 de marzo.

– También hubo manipulaciones de nombres propios de mal gusto. Primero, involucrando a Maradona en la campaña sin que el astro haya sido contratado, avisado o convencido con la propuesta. Y luego, la más asombrosa, incorporando a Raúl Tellechea, el ingeniero desaparecido hace varios años a quien le hicieron decir por quién iría a votar. Un caso con juicio en trámite -el de Diego- y otro en análisis.

– Hubo también una profusión de campañas sin nombres. Sin al menos una firma de alguien que se hiciera responsable, no sólo de las consecuencias civiles de aquellas acciones sino también de las políticas.

– Hubo publicaciones especialmente dedicadas a agraviar e insultar desde el anonimato, una manera de tirar la piedra y esconder la mano, de no hacerse cargo de lo que se dice.

– Hubo fricciones en las pegatinas de las calles -cosa que siempre ocurre-, escraches -también suele ser paisaje habitual- y globos de ensayo con supuestos hospitalizados que nunca aparecieron, maniobras de engaño que no son moneda corriente.

– Hubo recursos como la inédita guerra de láseres sobre el Centro Cívico, y el uso de palabras descalificadoras como "tirano" y demás sutilezas.

– Y se prepara un operativo fraude para argumentar sobre los resultados de esta misma noche, hurgando en los beneficios políticos de un padrón viejo. Se cita como posibles votantes a los que entre 2007 -el padrón disponible- y la fecha han fallecido sin que nadie haya podido evitar que eso ocurra. Completito.

Así transcurrió una campaña de lo más patética que se haya visto en los tiempos modernos y que seguramente no se repetirá. No sólo porque las futuras instancias serán distintas, con protagonistas distintos, sino porque los métodos se probarán ineficientes: no sirven a los intereses de quienes las montan.

Una campaña que tuvo desde lo político varias consideraciones. Para el oficialismo, un tono errático evidente, con alusiones vagas e interlocutores indefinidos al principio y luego direccionada a mostrar la obra de Gobierno para pedir el voto. Pero que tuvo un aliado: la mejor campaña que tuvo el Sí fue la dureza del No.

Y del lado del No hubo visibles matices: desde los más enfervorizados que tomaron la invitación como una determinación de vida o muerte, hasta los que fueron bajando el tono como el caso del senador Roberto Basualdo, de viaje cuando recrudeció la refriega y saliendo del asunto del plebiscito un par de días antes con su anuncio de que no será candidato a gobernador este año.

No es que no supiera del valor de la elección de hoy, sino que buscó correrle el cuerpo a una compulsa que de tan sucia se convirtió en un descrédito para todos y que comenzó a cansar al ciudadano neutro, la gran mayoría del electorado provincial.

Lo que está en juego, está bien claro. Y no es poco: se trata ni más ni menos que de abrir una ventana a la continuidad de la gestión de José Luis Gioja, o de elegir otro camino. No es poco, pensando en que se trata del gobernador ya con más tiempo en el poder en tiempos democráticos, un verdadero caso de estudio para quien dispone de un muy amplio respaldo popular con 8 años sobre la espalda.

Si la decisión de la gente lo sacara de la cancha hoy mismo, se abre un camino con dos direcciones. Puede sucederle una expresión política similar, apadrinada por el propio Gioja, pero encabezada por algún otro dirigente encolumnado con él, que de ninguna manera será igual a la que protagoniza el actual gobernador por esas cuestiones de los matices personales que terminan siendo determinantes. O podrá sucederlo una expresión política abiertamente diferente, como lo es al menos en el discurso cualquier expresión opositora a seleccionar entre el generoso escenario de dirigentes anti-G.

Por el contrario, si la gente hoy le abre la posibilidad de seguir estará decidiéndose por avalar la continuidad de lo que estuvo viendo en los últimos años, con sus buenas y malas pero no demasiado distinto de lo que ya conoce. No será, en consecuencia, una decisión liviana la de hoy.

Por lo demás, hay distintas maneras de hacer valer el voto. Está esa lectura de ejercerlo para dar continuidad a una gestión o para cortarla. O está la otra, la de valorar al plebiscito de manera impersonal y por lo que representa: una enmienda a la Constitución. Aparecen allí expresiones intermedias, como: me gusta la gestión pero voto No porque no me gusta la enmienda; o por el contrario, voto Sí para darle a Gioja una oportunidad, y después pienso mejor si lo voto o no. Todos ellos son formatos muy válidos de expresar el voto y que habrá que valorarlos al momento de la evaluación final.

Queda al final la evaluación política de la invitación de hoy para ir a votar. Porque cada resultado que arrojen las urnas tendrán un significado: cualquiera de ellos que señale un porcentaje menor al 50% de los votos apoyando la enmienda dejará automáticamente clausurado un período histórico, pero cualquiera que señale un triunfo estará permitiendo una posible continuidad pero estará diciendo otras cosas además.

No será lo mismo para Gioja ganar con el 51% de los votos que con el 80 %. Ambos resultados tendrán los mismos efectos legales: consagrar la enmienda e incorporarla al nuevo texto constitucional, con lo cual Gioja dispondrá de la posibilidad de un nuevo período. Pero tendrán absolutamente diferentes efectos políticos.

Porque un resultado escuálido abre la puerta, sí, pero habrá que preguntarse si el canto de una uña es un margen políticamente prudente para avanzar como si nada y sin un mínimo replanteo. Y un resultado amplio, al contrario, tiene el plus de poner las cosas en su lugar: siempre emanan desde allí evidentes señales de autoridad.

Hará falta poner el oído en sintonía fina sobre estos pronunciamientos como es el resultado del plebiscito de hoy. Interpretar sus mensajes sin dobleces ni trampas, tanto para el oficialismo como para la oposición. Procesar sus enseñanzas sin distorsionarlas, preguntarse y responderse con honestidad qué habrá querido decir la gente ¿demasiado trabajo?

Es la hora señalada, quien se presenta es porque acepta las condiciones. Y lo mínimo que requiere el momento es respetar los resultados. Sin tirar la pelota a la tribuna ni echarle la culpa al árbitro, aunque a veces sobrevuele la impresión de que hay mucho Mourinho escondido.