El diario español "La Vanguardia.es" publicó hace unos días un informe del director para Europa del FMI, Marek Belkae, en el que "prevé que la desaceleración económica en Europa podía finalizar durante el segundo semestre de 2010, pero mantiene que la actividad en las economías europeas se contraerá este año y el próximo."
En el documento se asegura que para estimular esa recuperación los gobiernos de la Comunidad Económica Europea (CEE)deberán adoptar nuevas medidas de política económica, especialmente en el sector financiero.
La desaceleración económica prevista para el 2009 seguirá siendo del 4% mientras que en el 2010 se prevé será del orden del 0,4 por ciento. La inflación deberá ser reducida a los más bajos niveles posibles y evitarse una deflación, así podrá estimularse y acelerarse la recuperación de la confianza de los mercados. Todo esto vinculado a una política financiera, de asistencia al sector, que asegure un flujo continuo de liquidez, que distensione el crédito en función de la demanda de financiamiento que resulte creíble en función de las perdidas que haya tenido el sistema financiero en toda la comunidad.
En términos claros y concisos el sistema financiero deberá tener como objetivo ser el proveedor natural de capitales que sean instrumentos de la creación de riqueza real y no de riqueza virtual, que es la que terminó con las "burbujas" cuyos estallidos generaron la crisis del "Anno Horribilis".
Lo positivo a rescatar de estas noticias consiste en lo siguiente: Si los "diablillos operadores de bolsa" y sus compañeros de ruta, no meten la colita, llegaremos a un 2011 con la economía de nuestro principal consumidor, Europa, equilibrada, lo que posibilitará que siga comprando nuestros commodities, lo que significará un salto cualitativo muy grande para nuestra alicaída economía agro exportadora.
Por otra parte, es el propio FMI, líder del librecambismo de los neo liberales, quien esta proponiendo un cambio en las políticas financieras para los países integrantes de la CEE, situación que hace propicia la oportunidad de peticionar una vez mas que el Sistema Financiero Argentino cambie la estrategia de promover créditos para promover "especulación", por fomentar aquellos capitales que se destinen a constituirse en capital instrumental que, puesto al servicio de las grandes, pequeñas, medianas y micro empresas, sirvan, para generar riqueza real.
Esto no puede ser arbitrio de los bancos, debe obedecer a una política de Estado que requiere la modificación de la Ley de entidades financieras, cuya filosofía es dejar a criterio de los bancos el prestar dinero para la producción real o para la producción especulativa-virtual, todo ello en función de cual sea la actividad que más renta le genere a los accionistas del banco.
La reorientación del sistema a partir de la modificación de la filosofía y metodología de la Ley 21526 debe posibilitar la cobertura geográfica de todo el país. No es posible que haya localidades como Valle Fértil que a 240 km de San Juan, no tenga un buen servicio bancario porque no es rentable.
La nueva filosofía financiera debe prever la generación de líneas de crédito bajas tasas de interés y a largo plazo, siempre tendiendo a lograr el debido equilibrio entre las tasas activas y pasivas compatibles con la capacidad de pago de los operadores, siempre hablando de créditos que deberán ser destinados a la producción de riqueza real.
La democratización del crédito será posible con esta reorientación filosófica porque hoy la cartera dispersa entre muchos operadores dificulta la operatoria, lo que la hace menos rentable, en cambio si lo hace rentable la concentración de cartera en unos pocos y grandes.
Si hablábamos, al principio, de que en Europa, el FMI recomienda como acelerador de la economía otorgar créditos a toda empresa, comenzando con las del propio sector financiero, para consolidarlas o en algunos casos salvarlas, esa experiencia nos ha de servir mas en Argentina, en donde las entidades bancarias tienen su patrimonio operativo intacto.
Para ello, el BCRA deberá poner en funcionamiento todo el ingenio de cientos de tecnócratas bajo su dependencia, para diseñar, por ejemplo, mecanismos de subsidios de tasas, establecimiento de tasas de referencia, tanto pasivas como activas, regionalización geográfica de las líneas de crédito, sectorización de las líneas de crédito en función de los distintos proceso productivos, en función de los destinos de la producciones obtenidas con esos créditos.
