La consigna es clara para toda la sociedad argentina: reconocer los errores y solucionarlos para dejar la decadencia atrás.

 

A riesgo de que se me tilde de repetitivo u obcecado,  por la insistencia en machacar sobre temas recurrentes, como el significado de la libertad, la importancia de la educación, o la jerarquía dignificante y liberadora del trabajo. Y a su vez, por el mismo motivo, de ser "acusado" de neoliberal, conservador, de derecha, u otros similares, voy a continuar en la tarea de tratar de clarificar conceptos, que a lo mejor nos aproximen a definir una idea de lo que queremos ser como nación. En definitiva, qué futuro queremos para nuestros hijos y nietos. 

A este respecto,  me está como sobrevolando una idea que acecha con un cuestionamiento incómodo, pero real: nosotros, la generación de los años cuarenta ¿Qué país les estamos dejando a las nuevas generaciones? 

 Debemos recuperar un destino común de grandeza y prosperidad.

De la prosperidad a la decadencia

A los años, nos damos cuenta que el país que recibimos de nuestros padres, se fue degradando lenta e inexorablemente. Pasamos de ser una nación próspera a esta donde casi la mitad de la población es pobre o indigente y otro porcentaje importante se acostumbró a vivir a costillas de los demás.

Donde jóvenes de entre 18 y 24 años no estudia ni trabaja, solo el 16% de los estudiantes secundarios llega a término con sus estudios. Donde los jóvenes que pueden no dudan en dejar su patria para intentar un mejor futuro en el extranjero, entre otros estragos. Todo al revés de lo que ocurría entonces, cuando nacimos. Es un interrogante que nos hacemos. Por eso, insisto en valorar aquello que nos hizo grandes como nación.  

Entre los recursos que se me antojan útiles en mérito a intentar revertir el rumbo, empezaría por repasar la historia, el ideario los hombres que imaginaron y plasmaron una gran nación, como la que fuimos aproximadamente en los 50 años que transcurrieron entre 1880 y 1930. 

Generación del ’80

Antes, los próceres de la revolución de 1810 unieron pensamiento y voluntad para desligarnos del coloniaje. Después vinieron las luchas intestinas que culminaron en Caseros y puso en escena a los prohombres que, hacia 1880, tomaron el timón del país y nos condujeron al destino de grandeza, que atrapó las miradas del mundo entero. La denominada "generación del 80" fue la encargada de darle forma organizativa a lo que hoy conocemos como Nación Argentina. 

Es de advertir al lector interesado en repasar esa historia, que se va a encontrar que, como viene pasando en otros ordenes de la sociedad, ese periodo ha sido ideologizado. Por un lado, corriente revisionista empeñada en menoscabar esos hombres, se puede leer que "se conoce como generación del 80 a la elite argentina que gobernó el país durante los años 1880 y 1916.  Esta se caracterizó por tener una fuerte influencia de la cultura francesa e inglesa.

Los representantes de esta generación procedían de familias de alta clase social e intelectual. En Wikipedia se la denomina como "periodo de la República Conservadora". Entre otros conceptos señala que "se mantuvo en el poder gracias al fraude electoral", y eran "oligárquicos y ligados a la producción ganadera". Es decir, una caracterización marcadamente clasista, aristocrática e intelectualizada, exactamente la corriente más estigmatizada por los populismos sobrevinientes. Que apelaron y apelan al resentimiento hacia ese sector de los argentinos, para engrosar su caudal de votantes.

Figuras prominentes

Por otro lado, se va a encontrar el lector con quienes analizan ese período como fundante de la nación, pródiga en creación de escuelas, empeñada en atraer nuestros abuelos inmigrantes, brazo indispensable del crecimiento posterior. En establecer una extraordinaria red ferroviaria, iniciar la exploración petrolera, extender el telégrafo, construir los grandes puertos, extender la República hacia el desierto, demarcar los nuevos y definitivos límites con Chile. Promulgó la Ley de Educación pública y gratuita, la Ley de Matrimonio y Registro Civil. Aseguró nuestra actual geografía y nos conectó con el mundo que, a partir del vertiginoso desarrollo del país, pugnó por cruzar el Atlántico y venir hacia la promesa del nuevo mundo que brillaba en el cono Sur.

Sarmiento, Mitre, Avellaneda, Roca y Pelegrini son, entre otros, figuras prominentes de esa época. Tan reconocidos, como desfavorecidos, como se sabe. Especialmente Roca, aún sometido a escarnio por la llamada "conquista del desierto".

No voy abrir un debate sobre esa caracterización, porque toda aquella historia que sea analizada fuera del contexto de aquellos años iniciáticos, es muy factible de ser tergiversada e ideologizada. Lo cierto es que hacia 1907, Argentina era el tercer agroexportador del mundo, detrás de Rusia y Estados Unidos y los índices de alfabetización, de progreso económico y cultural del país, no fueron nunca igualados. Debemos reconocernos en los pro y contra de nuestro pasado, para recuperar un destino común de grandeza y prosperidad.

 

Por Orlando Navarro
Periodista