El vínculo de la CGT de Hugo Moyano con el Gobierno nacional se manifestó en la campaña de las recientes elecciones de manera explícita, incluyendo un acto multitudinario en apoyo a Néstor Kirchner, y con una estrategia pasiva en los reclamos laborales.

Con la derrota del oficialismo, el líder camionero quedó debilitado en su poder -incluso le pidieron la renuncia públicamente-, y la reacción cegetista fue lanzar una andanada de reivindicaciones salariales para recomponer la imagen de la derrota.

El secretario gremial de la CGT, Omar Viviani, negó ayer que los pedidos de aumentos de varios sindicatos se trate de una respuesta relacionada con la derrota kirchnerista. El segundo de Moyano aseguró que en absoluto los gremios impulsen ahora las discusiones salariales, ya que, dijo, es una cuestión que viene de antes de los comicios, citando a los metalúrgicos y los camioneros, entre otros. Es curioso también que Moyano, quien defendió al Indec y el manejo de las cifras que hace Guillermo Moreno, ahora se guíe por otras referencias. Según Viviani "nosotros nos referenciamos con el supermercado y con otros costos", para plantear la discusión.

La cúpula de la CGT debe hacer su autocrítica por jugarse en favor del plebiscito buscado por el oficialismo y llamarse a silencio por el duelo de circunstancias, para iniciar después de diálogo multisectorial. Las soluciones conjuntas, frente a la crisis mundial, deben surgir del Consejo Económico y Social, es una alternativa para tener en cuenta. Lo demás es pura demagogia de política sindical.