En un clima de expectativa y hermetismo, tras la convocatoria a un sorpresivo acto el pasado jueves, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció la creación de un "Fondo federal de coparticipación solidario" con los derechos a la exportación de soja.

Las retenciones a la soja irán a un fondo coparticipado con provincias y municipios, que serán repartidos en el 70% para la Nación y el 30% en las provincias y municipios. De esta manera, se redistribuirán entre las provincias 1.776 millones de dólares; es decir, unos 6.520 millones de pesos, que equivalen a más del 11% de lo que se distribuye actualmente en masa coparticipable. Uno de los argumentos dados por la primera mandataria para justificar esta decisión fue que la recaudación creció menos y que eso tuvo un impacto en las economías provinciales y municipales.

Mientras el campo pedía la reducción de las retenciones, el Gobierno decide trasladar parte de la riqueza que le expropia al sector, a los gobiernos provinciales. De este modo, implícitamente rechazó el reclamo del sector agrícola, que solicita la reducción de dichos tributos, y les da a los gobernadores un dinero que pasa a ser motivo para que no apoyen los reclamos del campo. Busca así transformar a los mandatarios provinciales, en aliados políticos del Gobierno nacional, contra una protesta que ha pasado a ser una molesta y sistemática sombra que lo sigue sin detenimiento. En los momentos difíciles se requiere serenidad para luego con sensatez, adoptar las medidas que favorezcan a todos y no enfrenten más a unos contra otros.

El efecto electoral del anuncio es que los recursos a la obra pública, educación y hospitales, llegue a la gente. Lo que si se pretende es evitar o disminuir el apoyo de gobernadores y legisladores. La prudencia, que es siempre la virtud requerida para gobernar, exige sopesar los puntos a favor y en contra, y en este caso, es necesario tratar de cumplir con la equidad y equilibrio de poderes y de convivencia política. En un proceso electoral, se busca el apoyo de los gobernadores o intendentes, sumarse al oficialismo, aunque esto implique mayor conflicto con el campo, cuyas expresiones de protesta hoy pasaron a ser multisectoriales. Se podrían haber reducido las retenciones para volver a mover al sector agroindustrial, pero se optó por seguir alimentando un estilo de político distinto y más complicado.

La política genuina no es el arte de lo posible, sino la oportunidad para acrecentar el bien común.