Según un escritor llamaron a la puerta de la sociedad después de la Segunda Guerra Mundial cuando todos respiraban por el final de la pesadilla bélica: eran los jóvenes. Siempre habían existido, pero en la segunda mitad de nuestro siglo el tener 20 años dejó de ser un preámbulo de la madurez para convertirse en una marca de comportamiento social. En efecto, este movimiento juvenil significó el nacimiento de una contracultura que cuestionaba todos los valores de las sociedades modernas y de consumo en cuyo seno se habían desarrollado. El desnudo en público (Striking) y otras formas de provocación y protesta fueron usados para luchar contra el sistema establecido. En Estados Unidos de Norteamérica los Hippies unieron sus voces al movimiento por los derechos civiles contra la segregación racial de los negros y al movimiento pacifista contra la guerra de Vietnam. Buscaban el paraíso perdido, y con su resistencia pasiva querían cambiar el mundo.
En 1967 el 35 por ciento de los jóvenes norteamericanos llamados al servicio militar se negaron a entrar en el ejército. "No matarás, este mandamiento va por ti”. "Queremos jardines no campos de batalla”. "El fusil es el sexo de los impotentes”; pronto se hicieron populares. El amor libre pasó de ser una teoría de ciertos autores a practicarse por miles de jóvenes. El escritor Norman Brown dijo en una de sus obras: "las parejas Hippies tomadas de las manos, de esa forma tan abierta e inocente, recuerdan a niños guiándose unos a otros a través de un bosque, aunque por supuesto, son niños que se acuestan juntos”. Políticamente, siempre han sido efectivos, ya que para ellos la política constituye una vía más de integración al sistema. El psicólogo español Castilla del Pino, califica el movimiento Hippy dentro de "las formas prácticas de protesta colectiva, cuyas extravagancias anulan su propio radicalismo”. Sin embargo algunas de las ideas de Marcuse, la nueva izquierda de Norteamérica y la revolución de mayo de 1968, así como las críticas al consumismo de los modernos ecologistas, tiene sus raíces en el movimiento Hippy.
Los ciudadanos normales, los que nunca se han cuestionado su horario, la obediencia a los jefes y el por qué de lo que hacen, siempre han descargado su agresividad contra los marginados. Y los Hippies eran un blanco fácil: "vagos”, "melenudos”, "vagabundos”, "desertores”, etc. epítetos en su mayoría injustos contra un grupo de muchachos que introdujeron una gran grieta moral en el sistema occidental de valores.
Pero los jóvenes idealistas cada vez tenían menos sitio en un mundo aséptico y tecnificado. La superación de los nacionalismos y el sentirse "ciudadanos del mundo” fueron sus características. Se les podía encontrar vagabundeando, a pie, haciendo "dedo” en las rutas, vestidos con túnicas de colores, adornados con flores y collares, en todos los caminos de América a la India. Descansaban donde se podía en el largo camino hacia ninguna parte.
La rebeldía Hippy, que arrastró a millones de jóvenes, tenía en su fondo un claro fundamento religioso: la búsqueda de la verdad, la pureza, la paz. La huída a Oriente y el uso de drogas alucinógenas fueron dos de las formas usadas para intentar llegar a la "verdadera paz”, "Quiero ver a Dios cara a cara”, "Quiero que Dios me enseñe su rostro” gritaba a todos Jack Keruac poeta y filósofo beatnik.
Pero los jóvenes clamaban por un Dios diferente al oficial, que comparaba a los soldados en Vietnam con soldados de Cristo.
(*) Escritor.
