El malestar de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner por las crecientes presiones, paros intempestivos y amenazas sindicales tuvo una respuesta oportuna para un destinatario que como socio político la halaga, mientras avanza en la búsqueda de mayores espacios de poder: Hugo Moyano. Sin nombrarlo, las palabras presidenciales fueron terminantes en la demanda de sensatez gremial, interpretando el sentimiento de todos los argentinos que desean una convivencia en paz.
La mandataria aprovechó el acto en la Casa Rosada, donde se hizo el anuncio oficial del hallazgo de nuevas reservas de hidrocarburos en Neuquén, para señalar que "yo, la verdad que preferiría que, en lugar de apoyarme tanto pidiéndome para que sea Presidenta de los argentinos, me apoyen de una manera más contundente tratando de que las cosas puedan solucionarse sin necesidad de presiones o de hechos que realmente crean demasiada conflictividad”. Aludió así a las duras medidas de fuerza de los petroleros del Sur y al bloqueo de los camioneros a la distribución de combustible en Buenos Aires. En otra parte de su discurso, la Presidenta insistió en su críticas al moyanismo: "Esas demandas no pueden afectar al resto de la sociedad y, sobre todo, a aquellos sectores que aún ni siquiera tienen un trabajo”. "No deben someter de rehén al resto de la sociedad", observó, para concluir con una advertencia directa al abusivo poder sindical: "Por más que griten o por más que amenacen o por más que hagan cosas, no me van a hacer cambiar el rumbo”.
Sin duda que las expresiones de la Presidenta de profundo malestar por los atropellos y la arrogancia cegetista que exige espacios políticos en el oficialismo y de cogestión empresaria, ha sido una reacción meditada para asegurar la paz social anhelada por los argentinos y la gobernabilidad de su propia gestión, pensando en la estrategia continuista. Es probable que la demora de Cristina Fernández en decidir su reelección se deba a tener que sortear primero las desmedidas ambiciones de poder del conductor de la CGT y su entorno .
El definitiva, la Presidenta ha enviado un mensaje tranquilizador a la sociedad porque trasluce su decisión de enfrentar al desborde moyanista, poniendo las cosas en su lugar. Un reclamo sindical es legítimo dentro de las instancias negociadoras como garantía constitucional, pero de ninguna manera es lícito tener de rehén a la ciudadanía cortando rutas, bloqueando empresas, impidiendo la educación y desabasteciendo al pueblo de insumos básicos.
