Nuestro Parque de Mayo está deteriorado y carece de interés por parte de los funcionarios responsables del mismo. Fue un hecho predecible, muchos asegurábamos que sucedería, además es el único espacio público verde con escala de parque de nuestra ciudad y de un amplio sector del Gran San Juan.
Es ese verde al que continuamente le quitan superficie en vez de sumar y lo descuidan, opción que conlleva al desamparo de los habitantes, decisión suicida para todos y especialmente para determinados estratos socio económicos de nuestra población.
Y los responsables ¿dónde están? ¿quiénes son? ¿qué hacen al respecto? Sólo se escucha el silencio lloroso de la incapacidad para tratar este tema junto a la ruidosa imposición de decisiones tan erradas que desmerecen a nuestra ciudad/sociedad.
La actitud de uso que los distintos estratos sociales de la población adoptan frente a los espacios verdes públicos no es homogénea. Los estratos altos se autosatisfacen con espacios verdes propios de gran escala y alta seguridad. Los estratos medios altos, al aspirar continuamente a pertenecer al estrato superior, recurren a los dudosos espacios privados cerrados y alcanzan a creer que son como los primeros. Los estratos medios conocen sus limitaciones y recurren a los espacios verdes públicos cuando los propios son escasos o no existen. Los medios bajos, también al aspirar a ser como si fueran superiores, recurren a estos espacios públicos con mayor frecuencia de la supuesta. Y los estratos bajos decididamente recurren a ellos por carecer de éstos y por la necesidad del contacto asiduo entre ellos como manera de franquear las privaciones que les presenta la vida. Luego, si se trata de los afectados por la usurpación, abandono y hacinamiento de nuestros espacios verdes públicos, los estratos más y menos empobrecidos de nuestra población son los destinatarios de estas decisiones políticas tan erráticas y delirantes como ausentes. En síntesis, es una cifra cercana a las 3/4 partes de la población.
Si no lo creen, solamente les diré: nos quitaron la plaza Julieta Sarmiento y no se nos compensó ese arrebato con otra superficie verde equivalente o mayor. Nos prometieron hacer una gran plaza en el predio ferial y continúa igual, siendo de gran interés si trasladaran este predio al del Estadio por construirse próximamente en ese terreno repleto de aleatoriedad.
Si el nuevo Museo de Bellas Artes requirió mayor superficie que la del ex casino, nadie luchó por lograr un proyecto arquitectónico acorde con la superficie existente en planta baja, sino que optaron por quitarle superficie al parque, lo más fácil pero menos digno.
Se construye la escuela EPET Nº 5 en terrenos con aptitud totalmente de ser espacio verde, igualmente usurpará esos terrenos el próximo Teatro del Bicentenario.
Del Conector Sur sólo destaco su denominación "15 de enero" por ser acertada, lo único de esta obra tan repleta de contradicciones.
La Casa de Gobierno con sus dependencias deberá trasladarse al Centro Cívico sin mediar capricho alguno; mientras que la Escuela de Enología se puede reinstalar en predios del INTA. Ambas acciones nos otorgarán la posibilidad de sumar un espacio verde público de características extraordinarias a nuestra ciudad.
Podría seguir, pero no puedo. Es doloroso ver nuestra ciudad tan maltratada por decisiones que no admiten la mínima participación de parte de los ciudadanos. Esos, los que vemos pasar la obra pública por nuestras narices, estamos obligados al silencio. Sería sabio y hasta digno de distinción si nuestros gobernantes adoptaran una posición opuesta: escuchar a toda la comunidad, a los especialistas en los temas urbanos y actuar en consecuencia. Toda imposición causa rechazo generalizado y provoca un tipo de violencia que nadie merece y produce la degradación social de nuestra ciudad. Y así podrían expresar y transmitir una cualidad de gobierno realmente pluralista y comprometido con una verdadera inclusión social. No hay otra manera.
