Corea del Norte puso en alerta al mundo con sus intempestivas y reiteradas provocaciones nucleares que amenazan la paz en la región, tras revocar en forma unilateral el armisticio de 1953, que puso fin a la guerra con el Sur.

El régimen de Pyongyang lanzó 6 misiles la semana pasada y amenaza intensificar las pruebas nucleares a pesar de las advertencias del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Esta política agresiva del gobierno vitalicio de Kim Jong-Il, ya recibió sanciones de la ONU, al violar el acuerdo que siguió a la prueba nuclear de octubre de 2006, cuando aceptó eliminar su escalada bélica a cambio de recibir incentivos económicos y energéticos de Corea del Sur, Japón, Rusia, China y EEUU, entre otras naciones.

Tanto el ensayo nuclear del lunes pasado, como los misilísticos han sido anunciados "en defensa de la nación y el comunismo", una falacia que se suma a una pretendida equidad, ya que a juicio de Pyongyang su programa atómico es ínfimo frente a los de las potencias que integran el Consejo de Seguridad.

Pero para los observadores, son parte de una puja interna por la sucesión del poder, debido a la enfermedad del líder Kim Jong Il y una desesperante situación económica, todo un chantaje para las naciones desarrolladas y en particular para Barack Obama.

La ONU debe poner al descubierto estas especulaciones y adopte medidas ejemplares tanto para Corea del Norte como con todos los países que alientan las carreras armamentistas y crean conflictos para ampliar sus arsenales, la industria bélica y el poder hegemónico.