Proteger la vida es involucrar a toda la comunidad y la familia, explicando a los hijos la importancia que en ella tiene en cada ser, respetando su lugar y modo de vivir. Cada vez que se pregunta acerca de la protección a la vida la respuesta se orienta al ser humano, niño, joven y anciano. Al respecto, fue realizada una muestra en una población de cien individuos pertenecientes a barrios, villas, zonas rurales y urbanas y en un 95% las apreciaciones sobre a quienes hay que resguardar en la vida, todos se inclinaron por las personas de corta edad o bien por las de edad avanzada.
La franja de edad media y la pertinente a las personas por nacer estarían sin ningún tipo de resguardo o de consideración respecto a su protección pues se piensa que un ser que todavía no nace, no está registrado como un habitante más para el primer caso y en el segundo que las personas de mediana edad que oscilan entre de 30 a 60 años tienen los medios o recursos para protegerse a sí mismas. El resto del 5% de los consultados hizo referencia a la protección de la vida del concebido incluyéndose además a las personas adultas o mayores de distintas edades.
Curiosamente, y casi en un porcentaje nulo, aparecen como que requieren cuidado los animales domésticos y plantas. Entre las conclusiones se observa que recién cuando existe una educación de por medio, la reflexión acerca de la protección y respeto por la vida se amplía incluyéndose a otros seres que acompañan en forma permanente a la familia, entonces el porcentaje de protección hacia ellos aumenta incluso hasta llegar a acercarse a la misma vida humana. En este caso los preferidos son los perros y gatos; luego se nombraron las, aves y peces junto a plantas y árboles.
