Hace tiempo que las tareas del periodismo son consideradas de alto riesgo por la actividad en la cobertura de conflictos armados o en medio de situaciones peligrosas por problemas sociales o en medio de contingencias naturales. Pero en los últimos años, la integridad física de los trabajadores de prensa está condicionada por los ataques directos de organizaciones delictivas y de sectores marginales, a quienes les molesta las investigaciones sobre los ilícitos descubiertos, dejando en la última década más de 700 periodistas asesinados en el mundo.

La impresionante cifra equivale al promedio de un periodista muerto por semana, según ha revelado la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), a partir de un estudio realizado por la Comisión Alemana dependiente del organismo, y la cátedra de Comunicación y Libertad de Prensa en Hamburgo, intervinientes en la investigación.

El informe remarca el vacío de poder institucional existente a nivel global, al revelar que en nueve de cada diez casos, los autores del crimen no son castigados, un estado de impunidad que lleva a más asesinatos y que es con frecuencia un síntoma del empeoramiento del conflicto y del derrumbe del sistema judicial en diferentes países. Por eso esta situación se agravó en los últimos años al extremo de contabilizar los asesinatos de 178 periodistas tan sólo en 2013 y 2014, y todos ellos perpetrados durante el ejercicio de su trabajo. Por eso la Unesco reclamó a todos los países agotar los medios jurídico-estatales para frenar esta impunidad que daña a la sociedad en su conjunto al encubrir abusos graves de los derechos humanos, a la corrupción y el crimen organizado.