Los problemas que se avecinan en el mundo tendrán que ver con alimentación o la producción de alimentos, en tanto se anticipa que se viene una época de depresión económica que se calcula en no menos de una década de duración.
En la Argentina, un país que se jacta de tener productos vegetales que alimentaría a una población de 350.000 personas, mueren de hambre 22 niños por día o sea 660 niños por mes o 7.920 por año.
Esta cifra habla por sí misma sobre los contrastes humanos y no se corresponde con la realidad de la riqueza argentina, una especial alimentación consecuencia de la variedad de tierras cultivables y también de la diversidad de climas.
Según el Instituto para la Investigación de Políticas Alimentarias Internacionales con sede en Washington, hacia el 2020, unos 132 millones de niños en edad preescolar en todo el mundo sufrirán de malnutrición, sólo un 20% menos de las cifras que regían al empezar esta década.
Y, si bien son levemente optimistas con respecto a América latina y partes de Asia, advierten que si no se aplican cambios en las políticas económicas y agrarias, no se logrará disminuir significativamente la tasa de 400 niños que mueren actualmente por desnutrición cada media hora en el mundo.
¿Qué nos dice que cada media hora mueran en el mundo 400 chicos por desnutrición? Se sabe que el continente que más sufre por sus características naturales es Africa y que se deberían instrumentar estrategias salvadoras.
Esas muertes por desnutrición no deberían ser permitidas, sobre todo por el G-8 o grupo de países más desarrollados y con más potencial económico. Ellos deberían planificar una forma distributiva que impidiera esta catástrofe de la muerte infantil.
A todos nos toca algo porque tampoco es entendible que se pida limosna para comer en un país como la Argentina, con su tradicional riqueza alimentaria. Es cierto -asimismo- que su superextensión favorece algunas anomalías distributivas.
Hace casi una década, en el estudio sobre las "Perspectivas de la alimentación global en el 2020: tendencias, alternativas y elecciones” se hacían algunas previsiones y se marcaban responsabilidades.
Sus autores indicaron que el crecimiento de la población, la escasez de agua, el retraso tecnológico en el sector agropecuario, y políticas económicas mal orientadas, serán las principales causas de los problemas de alimentación infantil del futuro.
Lo que puede suceder. El mismo estudio señala que "se espera que la población mundial llegue a 7500 millones en 2020”, en un tiempo en el que decrece la disponibilidad de tierras para agricultura, así como el agua.
Asimismo, se hizo entonces -2001- un llamado para la liberalización del comercio mundial a fin de abolir tarifas y subsidios impuestos. "Todas estas fuerzas juntas serán un desafío para la capacidad del sistema de producción alimentaria del mundo”, dice el informe. Qué pasará con América latina y Asia. Hay optimismo porque los problemas de malnutrición en niños menores de 5 años serán casi eliminados.
En tanto, China disminuirá a la mitad sus cifras actuales e India logrará una reducción de casi un 31%, pero aún así, habrá hacia el 2020 unos 44 millones de niños malnutridos en la referida región.
Una de las instituciones más críticas respecto de este tema reveló que "Cada seis segundos un niño muere de hambre, es vergonzoso, pues "’no hay una buena razón para que nadie pase hambre en el mundo de hoy”.
Indigna a cualquiera saber que hoy, en pleno siglo XXI, 1 de cada 8 habitantes del planeta, o sea 21 veces la población total de España-, se despierta con el temor de no encontrar suficiente alimentos para comer.
Después de la devaluación, el 18% (casi uno de cada cinco) de los hogares eran familias de clase media baja. Unas 250.000 familias que no revistaban en la categoría de pobres, según las estadísticas oficiales, pero que en el año posterior a la devaluación padecieron "una sensación desagradable o dolorosa causada por la falta de alimentos”.
A esa conclusión llegó un estudio del Banco Mundial titulado "Hambre en Argentina” que, por primera vez, midió a través de una encuesta específica y de manera directa la tragedia de un país líder en la exportación de alimentos. De acuerdo con el mismo informe, "habría aproximadamente un total de 2,6 millones de niños en las áreas urbanas argentinas que han sufrido hambre” tras el derrumbe de la convertibilidad.
La Argentina tiene actualmente una situación óptima ya que exporta sus productos alimenticios pero se debe tener el enorme cuidado de que los precios internos sean accesibles para los distintos sectores de la población.
