Las redes sociales forman parte de la vida de usuarios que crecen diariamente en número. No es un dato menor que Facebook, que apareció en 2004, hoy tiene más de 600 millones de usuarios, de los cuales 13 millones son argentinos.

En Año Nuevo, quienes emplean esta red subieron mil millones de fotos a Facebook en un solo día. El promedio mensual no es exiguo: 4.000 millones de fotos nuevas se guardan, cada mes, en Facebook y en esa red social se dejan además, intereses, preferencias, posturas políticas, quiénes son los amigos, qué es lo que se hizo en los últimos días, dónde y con quién. Esto exige advertir los riesgos de la red, ya que una vez que se incorpora algo on line resulta casi imposible controlar cuál será el fin de lo que se sube a Internet.

De resultar aprobado, un proyecto de ley promovido por la Unión Europea, en marzo pasado, los ciudadanos que forman parte de los 27 Estados miembros, tendrán el denominado derecho a ser olvidados en línea, que obliga a Facebook y otros sitios a borrar por completo la información de un usuario si éste lo exige. Pero no sólo esto; las empresas deberían también explicar qué clase de información guardan de sus usuarios y por qué lo hacen. En Estados Unidos, desde hace unos meses, se está analizando implementar una legislación similar que proteja la privacidad digital de los estadounidenses.

Por su parte, Google acaba de acordar con la Comisión Federal de los Estados Unidos someterse a un análisis de sus políticas y prácticas de privacidad cada dos años por los próximos veinte, demostrando que sigue su política de protección de datos para evitar compartir esa información con terceros si un usuario no lo desea. También existen proyectos universitarios orientados a la reinvención del olvido en la era digital. Tal es el caso de Vanish, surgido en la Universidad George Washington y liderado por Tadakoshi Kohno, que propone una suerte de autodestrucción diferida y a distancia de todos los datos que nos involucren. Bastaría con que Facebook o Google incorporarán fechas de vencimiento para la información.

Pero en materia de privacidad, más que de borrar, de lo que se trata es de no escribir. Para evitar serios riesgos personales, la clave es manejarse en la web como uno debe manejarse en la vida, es decir, con prudencia y continencia.