Juan Domingo Perón, al hablar de cultura en uno de sus varios libros dice que "Si nuestra sociedad desea preservar su identidad en la etapa universalista que se avecina, deberá conformar y consolidar una arraigada cultura nacional”. Como buen visionario, Perón ya vislumbraba la globalización en su expresión "etapa universalista” y habla de preservar la identidad, no de buscarla. Es decir que esto de la búsqueda identitaria no es más que un proceso estéril porque nada hay que buscar, sólo basta analizar lo que hay a nuestro alrededor, para encontrar los rasgos preeminentes de la cultura argentina.

Ante el inicio del Congreso Nacional de Cultura, que cita a todo el país en nuestra casa, San Juan, cobra sentido el análisis de este personaje político rector y paradigma de muchos, cuestionado y vilipendiado por otros tantos pero que supo perfectamente de qué hablaba cuando dijo que había que conformar y consolidar la cultura nacional. También habla de reconocer que cuando planteamos el tema de una cultura propia "surge de inmediato la forzosa referencia a fuentes culturales exteriores”. Por eso no hay que creerse todo aquello de la tierra, lo ancestral, lo "pachamamesco”, si se me permite el término, porque no a todos nos llega, no en todos está internalizado y por múltiples razones no a todos nos interesa como referente absoluto de nuestra cultura. Siempre hemos de estar conformes con que se nombre a Argentina como crisol de razas y sobre esto dice Perón que "en la gestación histórica del hombre argentino confluyen distintas raíces, la europea por un lado y los diferentes grupos étnicos americanos, por el otro”. Nada nuevo ha descubierto sosteniéndolo, afirma acto seguido el estadista agregando que para alentar con optimismo la tarea de configuración de una cultura nacional es necesario tomar en consideración tres instrumentos poderosos: los medios de comunicación masivos, la educación en todos los niveles y la creatividad inmanente del pueblo.

Perón claramente habla de fortalecer la conciencia nacional mediante la educación. Cultura entonces significa que cada chico conozca en este país todo aquello que tiene lugar en nuestro suelo por vías de la historia que refiere el accionar de los prohombres de la patria y de la creatividad que nos ha trasladado todo aquello, pues de la interpretación creativa de la historia nos vienen el perfil de la patria que tenemos, cómo se transmitió literariamente, cómo se la pintó, cómo se la esculpió, cómo los testimonios hoy piezas valiosas de museos nos recrean vida, costumbres, pasatiempos y tradiciones de nuestro país bicentenario, de nuestro país colonial. Sin imponer, dice el General, contenidos que el pueblo no reconozca como constitutivos de su ser.

De los medios de comunicación, dice que estén "al servicio de la verdad, de la solidaridad social y de la formación integral de la persona, para despertar la conciencia moral, no par destruirla.”

He tomado al Gral. Perón como pude tomar a Sarmiento, a Félix Luna, o a muchos ilustrados de nuestra intelectualidad más cercanos en el tiempo, pero lo hago conforme a que, en pocas palabras, Perón nos dice que no hay que buscar identidad, sino reconocer lo que tenemos, educar, atesorar información válida, oír la voz de los creativos del pueblo argentino y cuando se hable de cultura nacional, no esperar que todos vayamos por un mismo camino. Cada pueblo que conforma la República Argentina tiene su idiosincrasia, sus fortalezas y sus debilidades, cada quien respeta sus costumbres, desde las faenas más tradicionales y familiares, a aquellas que forman parte del uso y la costumbre públicos, de manera que un Congreso Cultural, va a lograr sus objetivos cuando se empiece a accionar, dejando de lado búsquedas, para desmenuzar lo que tenemos, lo que somos y a la hora de la reflexión sepamos discernir que nos unen una misma canción patria, una misma bandera y quizás parecidos sueños, pero que no se puede hablarle maravillas de la nieve a un habitante del Chaco ni pretender que en Ushuaia entiendan la esencia del poblador de Humahuaca. Todo eso se puede compartir, comparar y en cierto sentido transmitirse como experiencia que es en definitiva a lo que llama un congreso. Como dice Perón, ojalá nos sirvan para reafirmar un ser nacional que no acaba en el paño celeste y blanco que nos identifica ni la melodía que nos hermana, sino que se verifica y profundiza en el estrechar vínculos solidarios, que siente el latido de la sangre natural y autóctona con la misma intensidad del batir del generoso corazón inmigrante que en pos de un futuro arraigó hijos a este suelo y reconoce que, aunque no todos deseen admitirlo, ambos factores nos han dado un indiscutido perfil cosmopolita del que renegar no es bueno, sino que hay que aprender a aceptarlo y pulimentarlo para que las discusiones fructifiquen definitivamente.