El trabajo del Diálogo Interamericano y la Iniciativa de Gobernanza Económica Global en la Universidad de Boston, dice que los bancos chinos prestaron a países latinoamericanos u$s 22.000 millones el año pasado, acumulando un total de préstamos de u$s 119.000 millones a la región desde 2005. En 2014 superaron a los créditos conjuntos del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo a la región.

Prácticamente todos los préstamos chinos se concentraron en proyectos de infraestructura para la extracción de materias primas en países con dificultades para obtener créditos en los mercados mundiales como Venezuela, Argentina, Ecuador y Brasil. Kevin P. Gallagher, profesor de la Universidad de Boston y coautor del estudio, dice que los préstamos han sido una bendición para Latinoamérica, pero también una maldición porque plantean riesgos tanto para América latina como para China.

Entre las desventajas más significativas citó: Los países -especialmente Venezuela y Argentina- están cada vez más endeudados con China y deben pagar en dólares, en momentos en que las monedas nacionales se están depreciando. "Con los precios de las materias primas cayendo, el crecimiento económico bajando y las monedas depreciándose, el riesgo es que lo que parece una deuda manejable un día puede convertirse en inmanejable al día siguiente”.

La dependencia latinoamericana de China ha perjudicado a las industrias manufactureras de la región. En la década pasada, las compras masivas de China de materias primas como el cobre, el hierro y la soja, hicieron subir los precios mundiales de esos productos y encarecieron las monedas latinoamericanas. Eso hizo que las exportaciones de manufacturas de la región -como los electrónicos y textiles- se volvieran más caros en el mercado global. En 2000, tanto América latina como China tenían un 9% del mercado mundial de las computadoras. Para 2011, la región había caído al 6% y China había crecido al 55%, dijo Gallagher. América latina no aprovechó las enormes ganancias de sus exportaciones básicas para reinvertirlas en mejoras en su competitividad industrial.

Además, los préstamos de China, con muy pocas condiciones, plantean riesgos políticos y ambientales. Al no exigir que se cumplan normas estrictas en temas ambientales o previsiones contra la corrupción, pueden facilitar abusos y perpetúan la dependencia.

Estos préstamos masivos a América latina también presentan peligros para China. Los bancos chinos están sobreexpuestos en Argentina y Venezuela, ¿Qué pasa si uno de estos países no puede pagar? Estos préstamos no tienen cláusulas de incumplimiento, por lo menos que sepamos.

Mi opinión: No hay duda de que las exportaciones de materias primas y los préstamos chinos han sido una bendición para varios países sudamericanos. Pero hay una creciente preocupación entre los economistas de que terminen poniendo en peligro a los bancos estatales chinos, sobreendeudando a países latinoamericanos, y aumentando su dependencia de las materias primas. América latina debería darle la bienvenida a los préstamos chinos, pero -como dice Gallagher- usarlos para promover la innovación y hacer que sus industrias de alta tecnología y manufactura se vuelvan más competitivas.

"’EL PROBLEMA principal de los préstamos chinos es que dan lugar a una cultura de complacencia que está afectando las exportaciones regionales de alta tecnología y manufactura.”