La situación económica del país es mucho más compleja de la que se percibe en la vida diaria, de por si preocupante. Para los economistas, el panorama es muy delicado porque auscultan en los orígenes y consecuencias coyunturales del momento y miran el futuro problemático de la macroeconomía.

En el ámbito interno, la Argentina tiene el peor diagnóstico económico, la "estanflación” el punto de encuentro del estancamiento con la inflación, pero con un serio agravante: un déficit fiscal, desbordado por el gasto público y carente de financiamiento. La salida es temeraria, porque el paliativo es la emisión monetaria, caldo de cultivo del desequilibrio del poder adquisitivo y de la caída en la generación de empleo.

Por otra parte, en la reciente Convención del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), realizada en Mendoza con un panel técnico independiente, se expresó preocupación por el presente y el futuro próximo de la economía, en particular en lo referido al nivel de reservas y de un contexto externo desfavorable. Esto último tiene incidencia directa en nuestra recuperación al frenarse el "viento de cola” de las exportaciones que nos benefició en la década anterior.

Si bien la desaceleración del crecimiento chino no incidirá en los precios de los commodities, que seguirán altos, se debe observar con detenimiento a Brasil, nuestro principal socio del Mercosur, que entró en recesión y con una tendencia a acotar sus importaciones desde Argentina. También deben esperarse las novedades que pudieran surgir del probable cambio político si triunfa el mes que viene Marina Silva, con ideas económicas diferentes a las de Rousseff.

Para el foro de IAEF las soluciones internas deben partir del replanteo de un contexto donde el incesante gasto público tiene el liderazgo de los problemas, y sincerar todos los parámetros que influyen en el estancamiento, de lo contrario no se descarta una nueva devaluación. Al respecto se observó que las reservas reales en el Banco Central, descontando encajes y obligaciones con entidades del exterior, entre otras cuestiones, son actualmente de 14.000 millones de dólares.

Para recuperarse de este colapso, se debe atacar en todos los frentes. No basta impulsar el consumo, si la producción sigue disminuyendo.