Contrariamente a lo que ocurre en la Argentina con el precio del petróleo, sostenido políticamente en torno a los 50 dólares el barril, la caída de los valores internacionales no cesan. Ayer, el petróleo de Texas para entrega en diciembre, tuvo un descenso del 0,93% (-0,39 dólares) y cotizaba a 41,36 dólares el barril en la Bolsa de Nueva York, como consecuencia de la sobreoferta.

También se conoció el informe de noviembre de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), confirmando que las reservas mundiales de crudo alcanzaron en este mes los 3.000 millones de barriles, cifra que ofrece una protección sin precedentes a la demanda ante conflictos geopolíticos o interrupciones inesperadas de la producción. El organismo consideró que el crecimiento de la demanda mundial se desacelerará en 1,2 millones de barriles diarios el próximo año, o 600.000 barriles menos que el aumento experimentado en 2015, año en el que se prevé una media de 94,6 millones de barriles diarios.

Si bien la AIE detalló que el suministro global de crudo, incluidos los biocombustibles, se elevó en octubre último a 97 millones de barriles diarios, un probable aumento de la demanda no llevaría a una disparada de precios ya que el mercado global se está ajustando en torno a los 50 dólares por barril. Este panorama de la AIE, junto a los informes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y de otras naciones exportadoras, como Rusia, trazan un futuro con certeza en materia de cotizaciones de hidrocarburos. Los informes del sector difieren de las estimaciones del presidente de YPF, que prevé un barril a 100 dólares en 2016 y también de las expectativas de la provincias petroleras alrededor de esa cifra.