El 3 de abril, en Lausana, Suiza, tras arduas negociaciones Irán y las 6 potencias más grandes de mundo: Estados Unidos, China, Rusia, Alemania Gran Bretaña y Francia, llegaron a un pre acuerdo para limitar el programa nuclear iraní a cambio del levantamiento de las sanciones internacionales al país persa. El acuerdo definitivo se firmaría el 30 de junio próximo si Obama logra demostrar a la opinión pública estadounidense y congresistas republicanos y demócratas las bondades del acuerdo, y doblegar la resistencia del gobierno de Israel y Arabia Saudí, sus principales aliados en el Medio Oriente, disconformes con el acuerdo.
La razones Iraníes: Desde el punto de vista de los intereses iraníes, el preacuerdo permitiría avizorar un alivio para el pueblo iraní y su economía. En lo económico Irán está atravesada por indicadores en rojo: con aumento de la pobreza y el desempleo, depreciación del Rial -moneda nacional- por la inflación. Motivados en lo fundamental por la situación de aislamiento al que es sometido el país por las potencias imperialistas occidentales y, en este marco, por políticas que los distintos gobiernos persas con el acuerdo de los ayatola -religiosos que están detrás en el poder-, han favorecido a la usura, la corrupción y las desigualdades sociales y de hecho a la clase dominante persa. La economía iraní depende de la extracción y exportación de petróleo, es el segundo mayor productor de la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP), vende ingentes cantidades a grandes países industrializados como China, India, Corea del Sur, Japón e Italia. Las sanciones estadounidenses que prohíben la importación de petróleo iraní, y la presión de Francia a la Unión Europea para que considere un veto al petróleo iraní para desalentar su programa nuclear, han puesto en jaque a la economía persa.
En lo político el expansionismo Chiita -principal componente de la población iraní-, sosteniendo a distintos grupos político de la zona: en Yemen, Líbano, Irak, Siria y Bahréin, le ha creado enemigos locales con apoyatura imperialista como Arabia Saudita e Israel que se oponen al acuerdo y otros como el grupo fundamentalista sunnita del Estado Islámico.
Para los dirigentes israelíes, la amenaza iraní se concreta un poco más tras el acuerdo logrado en Lausana. El Gobierno israelí considera que solo el aislamiento internacional, un aumento de las sanciones económicas contra Irán y la interrupción total de sus actividades de enriquecimiento de uranio pueden impedir que Teherán se convierta en una amenaza nuclear.
Obama se juega mucho. Desde que ambos países rompieron relaciones diplomáticas tras la revolución islamista, ningún presidente se había acercado tanto a Teherán. Tras más de una década de guerras sin victoria en Irak y Afganistán, las negociaciones con Irán, Obama las expone como un ejemplo de política exterior: diplomática, multilateral y abierta al diálogo con los enemigos.
Pero tiene detractores internos para esta política. El presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner; el republicano presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Bob Corker y el senador Marco Rubio, posible candidato republicano a las elecciones presidenciales de 2016.
Adquieren al respecto mucha trascendencia las declaraciones del secretario de Defensa británico, Michael Fallon, hace pocos días -sorprendiendo a muchos con la noticia- cuando dijo "Necesitamos modernizar nuestras defensas allí (Malvinas), para garantizar que contemos con suficientes tropas y que las islas sean defendidas adecuadamente en términos de defensa marítima y aérea".
