La muerte del general iraní Qasem Soleimani, ordenada por los Estados Unidos, supuestamente para evitar una guerra en Medio Oriente según Donald Trump, ha sacudido el escenario internacional y para nosotros el gran interrogante es cómo está parada la Argentina, o mejor dicho el Gobierno de Alberto Fernández, ante un conflicto de tamaña magnitud donde las ideologías cobran peso.

Junto con los refuerzos en los operativos de seguridad fronteriza y objetivos como la Embajada de EEUU, la Cancillería emitió un comunicado manifestando su "preocupación” por los hechos y pidió que la negociación y la diplomacia sean privilegiadas para alcanzar soluciones. Pero el ministro de Seguridad, Agustín Rossi fue más realista al recordar que por la historia de dos atentados terroristas que tuvimos nuestro país debe estar en alerta.

En el otro extremo aparece la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, que llamó al asesinado del militar iraní como "problemas de la OTAN", aludiendo a mantenerse políticamente afuera del mundo como si no estuviésemos comprometidos económicamente con uno de los sectores en pugna. Por ahora se descarta una guerrea convencional y todo podría limitarse a una escalada terrorista o cibernética como respuesta de Teherán mediante células dispersas el mundo.

Los atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA, en Buenos Aires, nos recuerdan la presencia iraní con Hezbollah o las fuerzas Quds de la Guardia Revolucionaria, sin descartar que estuviesen involucradas en la muerte del fiscal Alberto Nisman. Es decir, Irán no está lejos de la Argentina en su mapa de objetivos sensibles de acciones encubiertas, lo que obliga a estar en guardia.

En esta escalada de tensión en Medio Oriente, con amenazas de réplicas contundentes y castigos insospechados, todo indica que será una guerra sin disparos ni blancos directos. Trump ya adelantó su estrategia devastadora contra Irán: la economía. La potencia más poderosa de la tierra no sólo tiene las mayores fuerzas armadas con descomunal potencia destructiva sino posee la billetera del mundo y hasta puede prescindir del petróleo iraní, sumando más asfixia económica. 

Fernández no debería dudar un instante en dejar de lado la posición kirchnerista y alinearse con la Casa Blanca que es muy sensible frente a las simpatías hacia regímenes de izquierda y se lo advirtió a la Argentina en los casos de Maduro y Evo Morales, por ejemplo. Con mas razón cuando son terroristas como Qasem Soleimani, gestor de casi todos los actos subversivos y atentados en la región árabe y en el resto del mundo.

Nada es gratis en la globalización y hay que recordar que quien sube o baja el pulgar en el FMI es Washington y un buen comportamiento político y diplomático nos facilitaría la negociación de nuestra pesada deuda.