Parecía que en los tiempos que vivimos no se plantearía a la política y a la educación como una antítesis, es decir, como algo en oposición o contrario, donde la disparidad de un término hace que el otro se vea en absoluto contraste y hasta incompatible. Es que en el discurso político las expresiones toman una dimensión tal que hasta pueden incidir y modificar una realidad entera o bien quebrantar un orden notablemente hasta cambiar un estado de cosas.

Todo educador docente, ya sea padre o tutor, las instituciones que forman y los mismos medios de comunicación evalúan constantemente los discursos políticos pues los intereses sociales, siempre están en pugna por prevalecer unos sobre otros. Ahora bien cuando el educador no es simplemente una figura social sino un profesional de la educación, para el caso quienes se han titulado como profesores desde el nivel inicial hasta el universitario, el análisis del discurso político, no puede pasar desapercibido, máxime cuando los profesores cumplen la función social de hacedores de cultura e intérpretes de la realidad en procura del conocimiento y la verdad. Desde este punto de vista es muy importante, no solo ser un observador de la realidad sino ser partícipe de ella y ubicar en el orden correcto los conceptos que verdaderamente sustentan la vida del hombre en la comunidad. Al mismo tiempo dar a esos conceptos el lugar que ocupan como fundamentales ateniéndose al carácter del principio que lo juzga.

En este sentido toda la población de nuestro país no merece "darse el lujo” de confundir aquellos valores que la vieron nacer, como patria y como nación. Es nuestro deber y obligación en carácter de profesionales de la educación, marcar el verdadero rumbo que ella debe perseguir para lograr un niño formado hacia la juventud y proyectado a la vida adulta con importantes valores de nobleza e integridad como ser humano y persona que es.

Cuando un presidente en su discurso político sostiene una palabra como firme y acertada, todo un pueblo da fe de sus expresiones, pues entonces es válido interpretar de igual manera y con certeza las expresiones de este. Por una cuestión salarial, nuestra presidente y por consiguiente nuestro ministro de educación, descalificaron la educación argentina apelando al falaz argumento de que sólo los educadores trabajan cuatro horas diarias, tienen tres meses de vacaciones y son los trabajadores con mayor ausentismo incidiendo estos en la calidad educativa.

Es importante y preocupa debatir y aportar acerca de la calidad e inclusión educativa de nuestros alumnos, pero si se afirma: ¡cómo es posible que sólo tengamos que hablar de salarios y no hablemos de los pibes que no tienen clases!, como no dar lugar a un planteo salarial, cuando desde el aporte a los educadores, se juzga el ingreso económico de todos los restantes trabajadores del país.

La pauta está dada. Si nos fijamos en el educador, estamos juzgando la educación. Por ello, en el discurso político, la política jamás debe superar a la educación, pues, la educación es anterior y fundante de ella y no a la inversa, por mas autoridad que tenga un funcionario de gobierno o un educador.

La educación, es anterior al estado de la persona, pues primero una persona se educa, se forma y posteriormente adquiere una ideología. Un educador no induce a sus alumnos hacia una ideología política, sino que enseña los principios de la constitución ciudadana, y es la misma constitución la rectora de la convivencia cívica. Cuando Sarmiento se expresó afirmando "hay que educar al soberano" significó nada más y nada menos que el verdadero rumbo y camino a seguir por nuestro pueblo. En su expresión no hay más interés político que el de la misión del educador, por ello confió en los maestros foráneos. Cuanto más hoy padres y madres, obreros y empleados, gobernantes y pueblo, deben confiar en sus educadores, protegerlos y ampararlos, cuidarlos y verlos dignos en su vocación de servicio.

Invertir en educación, no es invertir en lo material solamente, sino invertir en la persona del educador y su sustento, pues, una educación sustentable hace posible una verdadera producción de personas, capaces, trabajadoras, pensantes y por sobre todas las cosas, humanas.