En estos tiempos la cuestión del sujeto político ha cobrado reflexión en el ámbito del pensamiento filosófico accediéndose de esta manera a la relación entre individuo, política y sociedad y por ende a la articulación entre las formas de subjetivación y su constitución en su historia. La relación entre el sujeto considerado como "sí mismo” y el sujeto como "otro” cierra una dialéctica en la que la razón encuentra su propia autoridad en un planteo estrictamente egocéntrico en el que el reino de la ética y la libertad se reducen al ámbito de la autonomía personal y en el que la responsabilidad, la decisión, el determinismo y los mecanismos de sujeción tienen su propia respuesta en el hombre mismo. Se configura de esta manera una filosofía de política posmoderna en el que el propio individuo queda fragmentado como sujeto frente a otros que revisten el mismo carácter y en el que el problema y los interrogantes que debe enfrentar en la vida no conocen en absoluto respuesta alguna o referencia residual sobre un postulado de la esencia divina, un modelo de valores espirituales y el mismo imperio de la moral, la razón y la justicia que no sólo se invoca en el Preámbulo de nuestra Constitución Nacional sino que además provienen de las Santas Escrituras donde su máxima realización se encuentra efectiva en la persona del mismo Jesucristo, Dios con nosotros.

Le es suficiente al hombre de hoy un planteo de la no solidaridad en el que pueda desenvolver todos sus logros personales sin ninguna referencia a la relación y compromiso con el otro -su semejante-. Todos los discursos giran en como satisfacer las necesidades y como llevar una vida lo más placentera posible donde el objetivo superior está en el deseo, para algunos quizás, las pasiones. El hecho de alcanzar la plena felicidad o una "filosofía de vida” por la que se pueda vivir lo mejor posible, se reduce a la frase "disfruta de todo porque después de esta vida no hay otra”. Se ataca y se le resta absoluta importancia a la presencia del mismo Dios y sus preceptos, cuando no a los propios méritos de Cristo, quien siendo Dios y tomando la naturaleza humano se bajó a la condición de mayor humildad o a la propia nada que es la sustancia de la misma tierra de la cual el hombre está hecho y la que el mismo viento se encarga de desintegrar. Ese quedarse en la nada y "con nadie”, fue la experiencia del mismo Cristo, pues muerto Él, ya la propia autoridad y el mismo reinado corresponderá sólo al hombre y a su razón y por la que juzgará su propio estilo de vida y forma de convivencia social.

La construcción política del hombre de hoy en el mundo y en nuestro propio suelo, está sujeta al poder de la autoridad quien determina cuándo se es político o porqué se debe votar, pues el interés sobre el bien común pasa por lo que todos debemos tener, un tener todo pero de Dios, nada; un interés en el que la cuestión pasa por la reflexión del imperio de la razón y en el que seguro que la necesidad, será zaceada pues en un mundo donde todo corre, todo cambia y por consiguiente nada permanece tampoco el amor perdura.

Los fundamentos de la política posmoderna encuentran su correlato en un enfoque básicamente antropocéntrico. En el mundo moderno y contemporáneo surgen y conviven muchos modelos, que van desde los totalitarismos hasta los sistemas democráticos participativos y entre los cuales existen muchas variantes.

El hombre político de hoy hace referencia a un ciudadano que es actor de sus propios actos sin observar que los mismos no están definidos o bien no surgen de su propia deliberación, pues su conducta esta prevista y diseñada por otros, es más, ni siquiera tiene tiempo para advertir la invasión de su propia conciencia por otros en el sentido de que su comportamiento o conducta no tiene nada de originalidad en lo que solemos entender por propia iniciativa, decisión o voluntad.

Suele añadirse también la capacidad de un conocimiento inteligente, queriéndose significar con ello que es capaz de conocer la realidad como objeto, es decir, tal cual es, independientemente de las condiciones propias del conocimiento subjetivo. Este es el concepto de sujeto cognoscitivo y que todo lo puede lograr.

En forma inminente y sagaz, el hombre de hoy debe reconocer su propio "espíritu humano” sin confundir este con su ego con un yo sin límites y con desinterés por los demás. Si se proclama la educación pues entonces no podemos decidir por otro. Luego, hay que dar tiempo a los otros para tomar su propia decisión. Eso es libertad.

(*) Filósofo, Pedagogo, Escritor. Orientador escolar en educación familiar.