La recuperación de la infraestructura ferroviaria debe ser una política de Estado dentro el desarrollo económico. El tren fue una avanzada de progreso, hasta mediados del siglo pasado, logrando el crecimiento armónico del país, y hoy puede volver a liderar el transporte. El país dispone de recursos humanos y tecnológicos para reconstruir el sistema.

El tren no sólo es vital en los servicios metropolitanos. Debe revalorizarse su importancia a lo largo y ancho del país, donde los ramales de cargas pueden abaratar fletes, a la vez de descongestionar las rutas troncales del tránsito pesado. La incidencia económica se refleja en el precio final de un producto: del 10 al 15%, son costos de transporte y distribución.

Argentina tuvo más de 50.000 kilómetros de vías operables en sus 2.780.000 Km.2 de territorio, y ahora sólo 10.000 km. de vías precarias se utilizan con muchas limitaciones, contrariamente a la evolución lograda en otros países. Por ejemplo Japón, donde conviven los antiguos trenes de carga con los superveloces, en una red de 27.000 Km. de vías que enlazan la isla de 378.000 km.2, dando un ejemplo del aprovechamiento del medio.

San Juan, como muchos pueblos que crecieron gracias al aporte del tren, espera que la reactivación de la línea San Martín, entre San Juan y Mendoza sea una realidad a corto plazo. Y la incidencia del Belgrano, otrora gravitante en el desarrollo provincial, con hitos de progreso como el ramal a Jáchal, hoy abandonado como ícono del retroceso de un medio de transporte reclamado por el enorme crecimiento del PBI regional.