El 32,2% de la población argentina está por debajo de la línea de pobreza; el 6,3% padece la ignominia de la indigencia; el 47,4% de los niños de entre 0 y 14 años son pobres, y en esta Argentina, donde la clase política y dirigente se ufana de que producimos alimentos para 400 millones de personas, existen más de 13 millones lidiando con la marginalidad y la pobreza.

Y hay que manifestarlo con absoluta claridad. Nuestra clase política y dirigente ha consumado el mayor perjuro que pueda imaginarse, ya que no sólo han sembrado de pobres e indigentes a nuestra sociedad sino que han dado cuenta del mayor fracaso dirigencial que, en términos de gestión de gobierno, reconoce nuestra historia.

Pero esta pobreza como fruto de todo su cometido, no es lo único que han alcanzado. Han posibilitado que la droga se disemine a nivel de país, han generado un estado de inseguridad que no reconoce parangones, han institucionalizado la irracionalidad y la mentira, y han fulminado la cultura del esfuerzo, la educación y el trabajo.

Por esta razón la corrupción, que es sistémica, ha alcanzado los niveles de procacidad que se van conociendo. Los altos niveles de impunidad que se relacionan con responsabilidades de todo tipo, involucran a políticos, empresarios, sindicalistas, fuerzas de seguridad y a algunos organismos e instituciones, porque el flagelo de la corrupción que ha contaminado todo cuanto estaba a su alcance, forma parte de una perversa matriz institucional que caracteriza a nuestra nación como una Argentina corrompida y decadente.

Me parece que hoy más que nunca y por sobre todo tipo de contingencias, debemos como sociedad proteger y cautelar el rol que juegan la política y nuestras instituciones fundamentales.

Me parece de igual modo, que debemos entender que un corrupto es definitivamente un delincuente, y que quienes bajo el formato de un discurso nacional no han trepidado en robar descaradamente, aunque en distinta medida, no dejan de ser distintos de quienes bajo el formato de un capitalismo salvaje, contrariando el bien general y el interés nacional no escatiman esfuerzos para defender desde las sombras, intereses que son extraños y foráneos.

Cuesta mucho creer, en quienes desde el sitial de responsables de la impunidad y corrupción se muestran conmovidos por la pobreza, porque contribuir a modificar una realidad que no la viven ni la padecen, no forma parte de su drama diario y cotidiano. Por esta razón, se hace imposible imaginar a estos personajes sorprendidos por la pobreza e indigencia, porque su objetivo, que siempre ha orillado lo material, inmoral y lujurioso, es quien les ha permitido alcanzar un status económico de privilegio, que comparten obscenamente junto a su familia, hijos y todo tipo de laderos y testaferros.

En este escenario de objetiva realidad, no dejo de observar con mucha preocupación, los respingos que dan cuenta de eventuales autocríticas, renovación, reconstrucción etc., porque todos quienes cínicamente quieren exculpar sus responsabilidades no pueden disimular, el hecho de que son los hacedores del momento más sombrío que hoy cruza a la Argentina.

Por qué razones se podría aspirar a que sindicalistas, políticos, jueces, empresarios etc., que desde hace más de 30 años forman parte de un entramado perverso, puedan modificar una lógica que se vincula patológicamente con el poder, con el dinero y la mentira?. Se que nuestra sociedad esta conmovida, pero no abatida y presiento, que los millones que desde el esfuerzo y trabajo diario estamos dispuestos a reconstruir un futuro que nos dignifique como sociedad, tenemos la necesidad de hacer sentir nuestro clamor y nuestras demandas.

Fortalecer la política y los partidos, para reasegurar la estabilidad e institucionalidad democrática. Recuperar ese sitial que nos otorgó el privilegio, de ser la cuna de la cultura latinoamericana. Redefinir el sistema educativo actual por uno de calidad, atendiendo a que la educación representa nuestra mayor inversión colectiva, en los ideales sociales de justicia y superación. Diseñar programas y cursos intensivos de capacitación laboral, para que nuestros jóvenes que representan el capital humano más importante, puedan sentir que desde su esfuerzo y trabajo son parte de la construcción de un futuro inclusivo y mejor.

Diseñar una Política de Crecimiento y Desarrollo, que se proyecte y presupueste en base a un proyecto país visionario y de largo plazo, y no desde la mirada de un potencial resultado electoral. Reivindicar el esfuerzo y los valores de transparencia y honestidad, de quienes desde los propios partidos políticos, la justicia, los medios y organizaciones sociales, están contribuyendo a desenmascarar a todos los corruptos y delincuentes, cualquiera sea el antro que los cobije.

Exigir sin claudicaciones que los corruptos devuelvan todos los activos robados, porque la recuperación de dichos recursos, es el único escarmiento que contribuirá a alejarlos de la fuente que constituye en si misma, la avaricia, la mentira, la hipocresía, la impunidad y el poder.