La cúpula de la CGT pidió a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner medidas para enfrentar la crisis económica y la ola de despidos que, según los sindicalistas, empezará en los próximos días. La dirigencia de la central obrera reclamó sostener el nivel de empleo y crecimiento, un aumento en el monto de los programas de reconversión productiva, e incremento de las asignaciones familiares, entre otros temas. No hubo respuestas, sólo el compromiso de estudiar los reclamos.
Por más que se haya desmentido, el escenario de conflictividad, los crecientes despidos y suspensiones fueron el origen de esta reunión para plantear la preocupación gremial. Hugo Moyano no podrá dejar de lado el reclamo de sus colegas que no disimulan señalarle un personalismo exacerbado para organizar el acto del 30 de abril en la Capital Federal. Esa concentración podría significar más un rédito personal para él que para el sindicalismo, así como un respaldo a la gestión kirchnerista, que ha beneficiado de modo notable al líder camionero.
En tiempo de crisis hay que dejar de lado la mezquindad y plantear lo mejor para el país. Aquellas deben verse como oportunidades, pero para que eso ocurra es necesario entender la realidad, observarla con sensatez, y no desconociendo cómo funciona la economía mundial. La crisis ha llegado, como se preveía, a la economía real. Se cuenta con la experiencia histórica del ’30, pero es aquí donde se da una muestra de insensatez: la prioridad de la agenda son las próximas elecciones legislativas. Pareciera que a nuestra dirigencia le cuesta entender que la crisis económica significa también desempleo. La disminución del comercio exterior, el proteccionismo y la discusión de aumento de salarios son todas medidas regresivas que, en lugar de generar sinergia, generan conflictos y denotan falta de responsabilidad al no ver los efectos que la realidad mundial traerá a Argentina.
Ese tipo de medidas ortodoxas no resolverá el fondo de la situación. No se puede seguir actuando ante la realidad, que ya se instaló, con los mismos planes y programas de una economía en situación de crecimiento. La respuesta a esta grave crisis es con responsabilidad, poniéndola como prioridad en la agenda; luego, con visión de largo plazo, con inteligencia, innovando y rompiendo los paradigmas con los que se viene actuando.
