Comencemos por un interrogante básico: ¿es correcto hablar de una planificación estratégica y competitiva de la educación? Si queremos una escuela igualitaria, justa, inclusiva tal cual lo establece la Ley 26.206, que tantas posibilidades propone para la nueva escuela, la respuesta es que no solo es correcto sino imprescindible y urgente.
El regreso a la democracia implicó en el área de la Educación reformulaciones y reconsideraciones que de a poco fueron implementándose y plasmándose en, acuerdos, reglamentaciones y normativas. Desde la Ley de Educación 23.114 hasta la actual Ley Nacional de Educación 26206, se han alcanzado logros que van desde la descentralización de las instituciones educativas, hasta políticas educativas de inclusión plena, de construcción de ciudadanía, de integralidad de la educación, entre algunas de las cuestiones importantes que plantea sobre todo el último instrumento legal mencionado.
Si bien en los años recientes se viene avanzando a pasos agigantados, son vastísimos y variados los retos que todavía quedan en el camino y es que la educación después de la familia, es el ámbito formador integral de la persona y por consecuencia de la sociedad y como ésta última no es estática, la escuela debe preparase constantemente para formar parte de ese movimiento social continuo y preparar a todos los actores de la misma.
Hablar de planificar estratégica y competitivamente la educación, importa una reflexión muy extensa, por lo que enunciaré algunos ítems que conlleva tal tarea: El tema en cuestión no implica meras y simples acciones y mucho menos que éstas sean aisladas, descontextualizadas tanto espacial como temporalmente, discriminatorias, parciales, sino, se requiere del diseño, re diseño, definición de políticas claras, coherentes, viables, integradoras, inclusivas en cada una de las jurisdicciones, y que las mismas se materialicen en un universo de acciones y relaciones conjuntas y federales, entre quienes pertenecen al universo educativo, los gobernantes, pero también con la participación plena de la sociedad en su conjunto ya que solo de esa manera se podrá tener una educación que sea no solo legal sino más importante aún, también legítima y pensada en el pueblo.
Puede que a algunos asuste el hablar de estrategia y más aún de competitividad pero debe saberse que estos términos no son exclusivos del mundo de las finanzas o de los mercados, sino que implican un proceso de mejora continua, de comparación de resultados y de búsqueda permanente de la excelencia, por ello perfecta y necesariamente aplicables al mundo de la educación.
Por ejemplo bien puede comenzar, la competitividad, por el alumno que se esfuerza todos los días para cumplir sus propias metas, o sus objetivos para con la comunidad desde la escuela,o por el docente que se propone ser más eficaz, más eficiente más comprometido, más creativo y por supuesto en constante perfeccionamiento.
La planificación estratégica es una herramienta de diagnóstico, análisis, reflexión y toma de decisiones con el objeto desvincular la situación actual con un futuro deseable en base a las demandas o requerimientos sociales-culturales y las posibilidades concretas existentes de satisfacer esos requerimientos, es además, una herramienta para contribuir con la gobernanza moderna, que implica el involucramiento responsable y participativo de toda la sociedad.
Planificar y sobre todo de manera estratégica la educación requiere en primer lugar de un liderazgo consensuado e importa un gran número de pasos o ítems a llevar a cabo. Entre ellos y a manera de síntesis, podemos considerar: en primer lugar los recursos humanos, es decir: todos los actores que forman parte del sistema educativo, sus funciones y acciones, demandas y sus necesidades, por otro lado se hace necesario identificar el contexto, construir explicaciones sobre el área en cuestión, intra, inter y extra organizacional del pasado, del presente y por ende de un proyecto a futuro.
Se promueve con tal planificación, obtener los mejores resultados en cada rincón de nuestra grandiosa Nación y para que la educación sea realmente federal, tal planificación debe comenzarse desde las bases, desde abajo hacia arriba, desde el lugar más recóndito hasta la urbe más avanzada, debe participar desde quien hasta ahora menos oportunidades tuvo o tiene de acceder a la educación libre y gratuita hasta el más académico de los argentinos.
Si bien es una tarea ardua que requiere de mucho tiempo, se torna indispensable transitar ese camino que nos indicará como acercarnos a la educación de calidad y más aun a la educación de excelencia, ya que los nuevos escenarios mundiales sitúan a educadores, educandos y sociedad entre la necesidad de una nueva escuela y los antiguos paradigmas, entre la mera transmisión de conocimiento.
