Mujica, de 78 años, envió al Congreso hace unos días un proyecto de ley que tal vez sea la propuesta más audaz de legalización de marihuana en todo el mundo. La propuesta propone que el Estado "asuma el control y la regulación de las actividades de importación, producción, adquisición a cualquier título, almacenamiento, comercialización y distribución de marihuana”.

El proyecto va mucho más allá de lo que han hecho países como Holanda y Portugal para despenalizar el uso de marihuana. También va mucho más lejos de propuestas recientes como las del presidente guatemalteco, Otto Pérez Molina, y de los presidentes de Colombia y México para iniciar un debate abierto sobre la legalización de las drogas.

¿Usted está proponiendo que el Estado venda marihuana?, pregunté a Mujica.

"Es algo un poquito más profundo”, respondió. "Se trata de quitarles el mercado a los narcotraficantes”.

El presidente explicó que, en la actualidad, los narcotraficantes que venden marihuana en Uruguay suelen llevar a los jóvenes a consumir drogas más pesadas y peligrosas, como la pasta de coca. Eso ha generado un importante aumento de la criminalidad.

"Preferimos que este mercado de las drogas blandas no sirva de entrada para las llamadas drogas más duras”, dijo Mujica y agregó que al tomar a su cargo y regular el negocio de la marihuana en Uruguay, estimado en unos 40 millones de dólares anuales, el Estado se lo quitará a los narcotraficantes, y los debilitará. Además, el Estado llevaría un registro de todos los consumidores de marihuana, y les podría dar tratamiento a los más graves adictos, dijo.

Al preguntarle qué piensa de la crítica de que una empresa estatal que venda marihuana se convertirá en una burocracia inepta, con grandes posibilidades de corromperse al entrar en el negocio del narcotráfico, Mujica, que hasta ese momento no había aclarado si está a favor de que la empresa encargada de gerenciar su proyecto sea estatal o privada, dijo que "una empresa privada es la que va a vender” la marihuana bajo estricto control gubernamental.

¿Y si esta ley se aprueba, no convertirá a Uruguay en una meca turística para fumadores de marihuana?, le pregunté. Mujica respondió que su plan es "’un mecanismo para uruguayos” que estarán registrados y tendrán una ración mensual, y que los extranjeros no podrán comprar marihuana.

Mi opinión: cuando leí por primera vez el proyecto de ley de Mujica proponiendo que el Estado "’asuma” el control del negocio de la marihuana, mi primera reacción fue pensar que Uruguay creará una nueva burocracia gubernamental, repleta de amigos del gobierno, que probablemente terminarán fumándose los ingresos de las ventas de marihuana o "peor aún” vendiendo drogas duras por debajo de la mesa. Pero si el plan de Mujica es subcontratar una empresa privada de trayectoria conocida para gerenciar el negocio bajo regulaciones estatales "tal como ocurre con las empresas que venden whisky o cerveza”, quizás no sea una idea tan loca. Los ingresos podrían usarse para pagar programas de educación, prevención y tratamiento para combatir drogas más duras.

Lo que está claro es que la guerra contra las drogas no está funcionando, y está dejando decenas de miles de muertos en todo el hemisferio. Si se hace bien, experimentar con "nuevas armas” será mejor que no hacer nada.